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No al fraude electoral

La Picota

Siento envidia de la buena, al ver las imágenes de las alegres elecciones celebradas en El Salvador. La fiesta cívica incluyó a cientos de salvadoreños vestidos con túnicas árabes, en alusión al origen del candidato ganador Nayib Bukele. Se vivieron elecciones libres, con redes sociales activas y una importante participación ciudadana.

Por el contrario, en Guatemala, estamos a punto de enterrar el espíritu electoral con una serie de restricciones, tan absurdas como prohibir que se porten los colores y símbolos del partido de nuestra simpatía en reuniones privadas y compartir las fotos en redes sociales.

Son tan incoherentes los lineamientos girados por el Tribunal Supremo Electoral, que tienen a todos los partidos atemorizados con las sanciones y la posible cancelación de los mismos; con excepción de la UNE, que ha hecho campaña anticipada y cuyo financiamiento no está siendo investigado.

La campaña negra ya está en marcha y va en contra de varios partidos señalados de financiamiento ilícito que no ha sido investigado ni probado. Tan solo el hecho de publicar señalamientos en algunos medios para dañar la imagen de estas agrupaciones es motivo para pensar en un fraude electoral que tiene como objetivo favorecer a una determinada candidatura.

La obstrucción a la libre elección es muy evidente. El impedimento para la participación de una candidata, la campaña negra dirigida contra varios partidos, la prohibición de usar las redes sociales, el corto tiempo de campaña, la restricción para promocionarse por medio de vallas y medios de comunicación independientes y toda una serie de amenazas veladas por parte de la Fiscalía y el TSE, harán de estas elecciones las más deslucidas de todos los tiempos.

Los guatemaltecos debemos abrir los ojos ante el fraude electoral que se avecina. Estas elecciones serán la tumba política de muchos partidos que verán enterrados sus esfuerzos por salir a competir y muchos candidatos se quedarán en el camino por el temor de ser perseguidos, junto a sus posibles financistas. El terrorismo electoral se ha ensañado en contra unos partidos para favorecer a otros.

Estas elecciones no serán una fiesta cívica. No tendremos tiempo de conocer a los candidatos, ni podremos elegir a quien mejor nos parezca. Seremos condicionados a votar por las agrupaciones que logren sobrevivir a los embates mediáticos y por los candidatos preferidos de quienes mueven los hilos fuera de nuestras fronteras. Cuando nos percatemos del fraude, éste ya se habrá consumado.


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