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El día del Amor y la Amistad

Emunah

El 14 de Febrero es el día universal en el cual se celebra el día del Amor y de la Amistad, o del Cariño como se conoce en Guatemala. Aunque todos los días son para festejar el amor, me da gusto que un día al año se le rinda honor a ese bello sentimiento, en donde afloran las demostraciones de amor entre parejas, familiares y amigos; y porque no, a Dios por su infinito amor y múltiples bendiciones.

Una día especial para expresar nuestro amor a esas personas especiales que amamos, con un abrazo, un texto, un peluche, unos chocolates, una cena romántica. Sorprender a nuestra pareja con un lindo detalle como un arreglo floral, y una tarjeta para plasmarle en letras lo maravilloso que ha sido compartir cada día de nuestra vida a su lado.

Definir el amor es sumamente complicado, pues existen diferentes tipos de amor. Lo cierto es que el amor es un sentimiento maravilloso que nos une, nos inspira y nos motiva; pero no todas las personas saben expresarlo o lo sienten con la misma intensidad lo cual puede causarnos conflictos y sufrimientos.

Aunque el amor es a menudo considerado una emoción, y pensamos que tan sólo depende de los buenos sentimientos hacia alguien; en realidad es una acción abnegada que busca el bien de los demás. Por eso la Biblia nos enseña que el amor aunque involucra los sentimientos, es también una elección, ya que las emociones cambian constantemente.

Se trata de algo más, no tan sólo de lo que siento, o de lo que espero recibir a cambio; es una decisión de compromiso de amar por encima de todo, a pesar de todo. Algo que los votos matrimoniales nos lo recuerdan: “Prometo serte fiel, respetarte, cuidarte y amarte en la riqueza y la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe.”

Esa es una declaración que involucra una decisión de estar al lado de tu pareja por siempre, a pesar de muchas adversidades, y de los errores de la otra persona. Pese de que el cuerpo se debilite, la piel envejezca, y el amor ya no siga siendo aquel hermoso cuento de hadas; ya que nada apagará la llama del amor porque seguirá avivándose día tras día.

Igual es con los amigos, ya que las amistades genuinas se crean sobre el fundamento del respeto mutuo, el amor emocional, y el compromiso verdadero. La Biblia dice en proverbios 17:17 “En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia”; y Jesús dijo “el amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos.”

El mejor ejemplo lo encontramos en la Biblia, porque Dios es amor, y sólo aquel que ama a Dios puede experimentar ese amor incondicional: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?… Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?… . Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien… sin esperar nada a cambio.”

La Biblia indica que: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

Ese es el amor que Dios demostró por nosotros: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.” Dios nos ama con amor eterno por lo que dió a su hijo unigénito para salvación del mundo porque el amor genuino tiene poder para perdonar y transformar vidas.

El amor que Dios quiere enseñarnos es que valoremos a todas las personas, aún a nuestros enemigos. Ya que si el amor que decimos tener distingue entre uno y otro, entonces no es genuino; porque el amor supera todas las diferencias que nos separan. Asimismo requiere un compromiso compartido y una inversión de tiempo y energía, que genera una entrega sincera que soporta con calma y valentía todo lo que quiera destruirlo.

No hay duda que Dios está en las páginas de la Biblia; pero es cierto que también puede reinar en nuestros corazones para que nos inunde de ese amor que mejora las relaciones humanas. Si nos falta amor entre esposo y esposa, entre padre e hijo, entre un pueblo y otro, entre una religión y otra, pidámosle a Dios que nos llene de su amor, un amor que restaura, y no condena porque  “cubre multitud de pecados”.

Sería hermoso esforzarnos por cultivar ese amor, derribar las fronteras y unirnos todos como hermanos para cantar al unísono una misma canción de esperanza, de amor y de paz. Sólo el amor de Dios puede abrazarnos y unirnos como un mismo pueblo, motivarnos a hacer el bien, a ser útiles y a siempre ayudar. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” Salmos 133:1.

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