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Cambian los partidos políticos o cambiamos a los partidos

Panorama Global

La crisis de los partidos como la vemos hoy

Los partidos políticos, como todas las organizaciones del mundo y de cualquier sector de la sociedad (industrial, comercial, etc), recorren etapas que van desde su creación hasta su consolidación o desaparición. Esta evolución institucional no depende enteramente de su tradición o de su ideología, sino de su capacidad de adaptación y flexibilidad ante los desafíos de los nuevos tiempos, pues todas las organizaciones recorren un ciclo y los partidos políticos no son la excepción. Cuando no se evoluciona de una forma positiva a los nuevos tiempos no se pierde apoyo, se genera desconfianza e incertidumbre, y esto está pasando con los partidos políticos del mundo y en América Latina podemos verlo claramente. Por tanto, la prioridad de los partidos no debe ser solo el fortalecimiento (crecer) para evitar la desaparición (morir), también esta consolidación debe estar acompañada de vientos de modernización, pues el electorado de esta generación de millenials no es tan fiel a los partidos como la generación anterior que sigue con su partido hasta el final, gane o pierda.

Como señala Ricardo Amado Castillo, los partidos están en crisis “sean de izquierda o de derecha, de masas o de cuadros, nuevos o tradicionales, los ciudadanos no confían en sus partidos. Los sienten lejanos. No se sienten representados. Piensan que en buena medida todos son iguales.” Aquí entonces entra el dilema sobre el “qué hacer para renovar a los partidos políticos”, la respuesta parece obvia y tiene una sola palabra: renovación! El principal problema que enfrenta el sistema de partidos es la falta de confianza por la pérdida de credibilidad. Como ha dicho el ex presidente uruguayo José “Pepe” Mujica en el pasado, la política no es una profesión y esto lo estamos viendo con el éxito electoral de los que vienen de otros sectores productivos, los llamados “outsiders”, están teniendo éxito porque no están quemados por el sistema tradicional y porque se oponen al sistema mismo, son anti-establishment.

En ese sentido, hay que destacar que políticos como Donald Trump y Alexandra Ocasio-Cortez representan estos outsiders a los que hacemos referencia. En el caso de Andrés López Obrador (AMLO) no podríamos decir que es un outsider porque ha estado en la política por décadas pero si es un anti sistema. Es por lo anterior, que candidaturas independientes se han vuelto más comunes y es por el nivel de polarización que candidaturas como las de Jair Bolsonaro en Brasil logran apoyo, así como un repudio masivo a problemas como la corrupción, generando en este caso que se inclinen por el autoritarismo de manera contundente sin saber que pueden terminar doblemente premiados: autoritarismo y corrupción.

Para recuperar parte de la confianza perdida de los partidos, tenemos que recuperar la totalidad de la credibilidad que se encuentra de vacaciones. La credibilidad se logra con hechos, pero con las palabras podemos conectar las historias y lograr una empatía fuerte como producto de una escucha que fue empática. Saber cuál es nuestra causa y construir su narrativa en torno a esta para saber contra quienes luchan y a favor de quienes o de qué.  Como bien señala Antoni Gutiérrez-Rubi, la democracia no necesita menos partidos, necesita mejores instituciones que sepan obrar como instrumentos para fortalecer dicha democracia, pues aunque la idea de tener menos partidos parezca más atractiva, realmente debilita la democracia. Por tanto, otro gran problema de los sistemas de partidos es lograr que la participación ciudadana sea efectiva. Es por lo anterior que, la apuesta para solucionar la crisis de los partidos no es desaparecerlos, es mejorarlos.

Es difícil que los partidos sobrevivan sin ideología, pues es necesario que adopten una posición frente a la historia, que levanten una bandera frente a temas importantes, pues esta acción definirá el conjunto de principios básicos que marcan el credo político del partido. En Estados Unidos, el sistema bipartidista nos deja bastante claro que los demócratas señalan que los republicanos prefieren un Estado más pequeño con menos impuestos y dicen que esto es una locura cuando se necesita dinero para financiar los programas sociales y las carreteras. Por otro lado, los republicanos critican a los demócratas señalándoles como personas que quieren un Estado más grande y más impuestos para todos. Al menos, cada partido es conocido por tener una visión mínima de cómo deberían ser las cosas.  Ahora bien, esta ideología debe ser comunicada de manera eficiente, generar que el storytelling (narrativa) conecte con los votantes para lograr empatía, pero teniendo claro que la posición del partido no siempre será del agrado de todos los votantes y dependerá del grado de confianza que tenga el partido para que el votante siga firme.

Finalmente, si creamos partidos nuevos tenemos que hacer que se vean realmente distintos a los del sistema, para esto es importante integrar formas nuevas de generar y movilizar la acción colectiva para que puedan ser aplicadas con las formas tradicionales que ya conocemos, es por esto que la innovación es vital, la innovación ciudadana. Estos partidos nuevos deben aprovechar la innovación tecnológica de comunicación que brindan las redes sociales pues ya los medios tradicionales van quedando atrás y los ciudadanos se comunican entre sí de forma permanente, vivimos la era del tiempo real. Esto sin olvidar que el “face to face” sigue siendo la forma de comunicación por excelencia y que las elecciones no se ganan en las redes sociales, al menos no completamente.

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