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¡Mujeres, es tiempo de la unidad!

Poptun

En diversas oportunidades las mujeres somos el estandarte de lo delicado, sentimental e incluso del amor. Pero no es extraño escuchar argumentos en contrario, como que ser mujer es malo. También se nos relaciona con un “accidente biológico” no competentes para auxiliar el sostenimiento económico de un hogar, a tal punto que en numerosas regiones del país, al nacer una hija no se celebra con el tradicional caldo de gallina como cuando nace un varón para agasajar a la madre y dar la bienvenida al nuevo miembro de la familia.

Hoy en día, distintas mujeres continúan recibiendo un trato machista, y padeciendo discriminación, la que les golpea a su puerta: se les cierran las oportunidades de permanecer estudiando, de obtener un trabajo bien remunerado, por lo cual solo son vistas exclusivamente como amas de casa u objetos sexuales, y no valoradas por sus aptitudes, habilidades y destrezas.

Todas estas formas de violencias son naturalizadas en nuestra sociedad. Este sentimiento profundo de exclusión histórica contra las mujeres fue una causa que motivó a los primeros grupos de feministas que surgieron con la Revolución Francesa para exigir igualdad de derechos civiles para las mujeres.

Posteriormente nacieron otros grupos sociales encabezados por mujeres que  invitaban a la unidad de la clase obrera, sin distinción de sexo, para luchar por sus derechos, pero especialmente incorporaban la exigencia al respeto de los derechos de la mujer trabajadora.

A pesar de que en el transcurso del tiempo estas corrientes han obtenido grandes avances incorporados en leyes y políticas públicas, y los pensamientos de reivindicación de la mujer se han extendido por todo el mundo, continuamos siendo vulnerables y objeto de discriminación y violencia, víctimas de un sistema patriarcal en cual sitúa al hombre en un papel dominante y protagonista en todos los ámbitos y lo evalúa como el único apto para ejercer posiciones de poder, y a la mujer la relega a un rol de complementariedad, lo que trae consigo desigualdad en el plano económico, social, político y cultural, entre otros.

A los movimientos sociales a favor de los derechos de las mujeres se les descalifica con la crítica simplista de que realmente desean ser hombres ¡qué gran error!

No podemos negar que hombres y mujeres mostramos claras diferencias biológicas.  Lo que se pretende es que cadenas de desigualdad y discriminación enraizadas en la sociedad se rompan, y al igual que los hombres se nos brinde la ocasión de estudiar, trabajar, a expresarnos libremente y a participar activamente en la política, entre otras cosas y que nuestro valor, talento y habilidades no sea desechado por simplemente ser mujeres.

Este 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, es una fecha propicia para que las mujeres de Guatemala dejemos de ser víctimas resistentes al dolor, nos empoderemos para emprender una acción colectiva que represente la renuncia al silencio guardado por años. 

Debemos unirnos a miles de mujeres que en el resto del mundo combaten con coraje y valentía para erradicar las desventajas que nos oprimen. Es tiempo de exigir en una sola voz nuestros derechos para contribuir a visibilizar la herencia de esta distinción injusta, derribar cualquier estereotipo sociocultural que nos excluye y cambiar el modelo patriarcal que rige.  Es tiempo para que juntas construyamos una realidad distinta en nuestro país. ¡Mujeres, es tiempo de la unidad!


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