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¿Seguiremos aceptando la mediocridad…?

Vocación de Libertad

Permítame caminar por los caminos de lo que no es políticamente correcto. A mi edad y con el carácter que Dios me ha permitido cultivar, no encuentro otra ruta para expresar mis ideas en temas determinantes para nuestra vida. Déjeme anteponer la búsqueda de la verdad, antes que la de la conveniencia y los favores que la lisonjería normalmente traen consigo, puesto que el costo de diluir la verdad ya ha sido muy alto para todos nosotros en Guatemala.

En el mes de julio del año 2012 escribí y publique en las columnas de Prensa Libre el artículo que ahora copio literalmente aquí: “¿Por qué, vivir en mediocridad?, remitiendo también a lo escrito con fecha 22 de abril del 2004. Mediocre: De calidad media. De poco mérito, tirando a malo. Así parece ser la cultura nacional en todos los ámbitos de la vida. Seguramente, generaciones atrás, nuestros abuelos aspiraron a la excelencia, pero en algún momento de la historia contemporánea, perdimos el norte; un norte que urge recuperar para heredar el carácter que proyecte la guatemalidad a la que todos aspiramos.

Mediocre es inobjetablemente nuestro mundo político, producto del secuestro del Estado que nuestra inerte y/o cómplice conducta ciudadana ha permitido. Un mundo político que con el cinismo más grande miente, roba y mata en todas las formas 
(hoy, después de 15 años y mucho dinero corriendo en los presupuestos nacionales que nuestros políticos han manejado – no menos de Q. 750,000 millardos – con indicadores sociales y económicos que apuntan a la mediocridad y difíciles expectativas de futuro, solamente puedo seguir pensando igual)

Mediocre es el certamen de popularidad de cada cuatro años, las llamadas elecciones generales, cuando jugamos a democracia votando por quienes descaradamente y en el desconocimiento de los negocios públicos, aseguran conocer las soluciones a la problemática nacional, para luego hacer gala de su perfecta ignorancia e ineptitud frente al famélico pueblo que ni siquiera puede asombrarse, puesto que ya no le quedan fuerzas para ello.” ¿Qué opina usted?, ¿No será tiempo ya de buscar rutas alternas? Si usted es el soberano: ¿Por qué no actuamos?

Vuelvo e insisto en el tema, puesto que hoy, después de ocho largos años y frente al televisor, he tenido que tragarme, un programa de rendición de cuentas de los seis meses de gobierno que más bien lucía como el más largo comercial de televisión ―culebrón, le dicen en España― que para precampaña presidencial se pudo haber elaborado en una nación que sigue conformándose con la mediocridad. (¿Recuerda el último informe del actual gobierno?)

Para nadie es un secreto que la estructura de control empresarial del país ha cerrado filas al lado del gobernante actual, toda vez la administración del Estado se debe convertir en un Estado Policía y ahora, igual que en tiempos de la privatización, en un Estado que termine de entregar las riqueza mineras y petroleras a los mismos. Total, ellos lo financiaron. No deja de ser realidad lo afirmado en el mismo canal por el analista de FLACSO, Dr. Virgilio Álvarez, en el sentido de que los organizadores quisieron mostrar a sus financistas que hasta el momento la inversión había sido buena.

Sí, seguimos expresando nuestro conformismo ante quienes después de seis meses, siguen ofertando soluciones, tal cual lo hicieron durante casi doce años de campaña, pero sin entregar soluciones y antes bien, con una mediocre propuesta de reforma constitucional y una mediocre propuesta de reforma educativa, de la misma manera que una mediocre reforma fiscal, intentan impedir que las consultas al pueblo soberano se practiquen y así entregar el país y sus pocos tesoros a los mismos de siempre. (Estas luchas están allí, sordas quizá, pero allí están, aunque nuestra prensa las haga invisibles).

No, no se puede seguir así. Millones de campesinos, mayoritariamente indígenas, siguen esperando las soluciones que les ofrecieron. Cientos de miles de niños, niñas y mujeres, mueren de diarrea y enfermedades infectocontagiosas, todas prevenibles, pero a nadie le importa y como dicen los otros amigos del gobierno, también les pela. Triste tener que decirlo así y Dios no lo quiera, triste sería volver a vivir episodios de rebelión y levantamiento popular en pleno siglo XXI.

Es inconcebible que a estas alturas, sigamos pensando que nuestros hijos y jóvenes sigan educándose para ser empleados, de cara a una realidad clara: no existen condiciones para que nuestro aparato productivo genere el volumen y la calidad de empleos que haga honor a la dignidad de un ser humano. ¿O será que hemos de conformarnos con que nuestros hijos e hijas vayan a un call center, una maquila, que migren al norte o al corte de caña y café? Usted tiene la palabra: Mediocridad, ¿hasta cuándo?” 

Hasta aquí, lo escrito anteriormente con algunos agregados o resaltados en negritas. NO quiero abusar de su tiempo y paciencia, la cual agradezco en la lectura de este artículo, pero deme permiso para agregar un par de párrafos más actuales.

Estamos frente a un proceso electoral en el que la Democracia Republicana y Constitucional, la estamos llevado a la ruina. Hemos creado una primera vuelta electoral en la que son otros y no nosotros los que elegimos a los candidatos que pasan a la siguiente ronda. En esta primera vuelta electoral en la que parcialmente el TSE tiene alguna intervención, pero que las decisiones finales están en la Corte Celestial, quienes además, han demostrado con creces y sin mayor esfuerzo, su mediocre aporte al proceso.

Tenemos dirigiendo el proceso electoral a un TSE colegiado que ha demostrados su mediocridad ante el reto de implementar en forma diáfana las reformas electorales del año 2016 y en lugar de ayudar, generan más incertidumbre. Temas como el voto en el extranjero, están siendo la burla más grande para quienes hoy por hoy, sostienen con su trabajo y sacrificios personales, la economía nacional. Ellos pagan la cuenta, mientras nosotros nos comemos hasta el postre.

Si lo anterior fuera poco, el TSE y la CC en alianza tácita y perversa, atacan una de las libertades fundamentales para la construcción de un modelo democrático y republicano. La libertad de expresión y libertad de prensa. Unos por acción y otros por omisión, pero en ambos casos el resultado final hasta ahora ha sido: desconfianza, incertidumbre, frustración, falta de información y debate y todo ello, socaba la democracia. Al menos la verdadera democracia.


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