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Niñez y adolescencia: Un necesario parteaguas

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Antropos

Habitamos un país que ha caído en una hondonada, de la cual por años no hemos logrado salir. Conforme pasa el tiempo,  nos hundimos sin  ver el horizonte de la vida. El Estado  aumenta su debilidad y los vacíos se agrandan. Pareciera que una mente perversa manipula en la oscuridad  la destrucción de la nación  desde sus cimientos.

El Congreso de la República es cuestionado sobredimensionándose sus problemas. Pareciera que no hay  coherencia  con la conducta  de los diputados y la realidad nacional. Una especie de inquietud vibra en el parlamento a partir de  pesquisas que hacen instancias como el MP y la CICIG. En política  se debe ser consecuente y actuar con templanza. Los principios  básicos de  esta praxis son el talento y el talante. O sea, el conocimiento y  la virtud del valor.

En cuanto al ejecutivo, no visualizamos hasta hoy, posiciones sólidas que marquen la diferencia o la ruta a seguir. Aún no hay respuestas de fondo para atender un problema sustantivo de la nación.   De ahí la preocupación de muchos guatemaltecos, que ha llegado el momento de hacer un hasta aquí y definir un parteaguas  que se convierta en un hito histórico.

Es un hecho que  nos golpea conocer el dolor del 50% de una niñez desnutrida. Del 79%  de pobreza. El envenenamiento de las aguas. La destrucción salvaje de la naturaleza. La suciedad que campea por doquier con bolsas y botellas de plástico.  La deserción y repitencia escolar con cifras alarmantes. Escuelas derruidas para el ejercicio de la docencia. Multitud de niños que vagan por las calles, así como jóvenes que ni estudian ni trabajan. Adolescentes violadas y embarazadas.  Desarticulación de las familias. Migración al norte por falta de trabajo y  comida. Y un largo etcétera que sentimos diariamente fundamentado por los estudios en los que dan cuenta que el país ha quedado estancando desde hace mucho tiempo por ausencia de sus gobernantes que sólo han llegado a enriquecerse como familias dueñas del trono del poder. 

Frente a esta situación que se agudiza cada vez más, primero  por el crecimiento exponencial de la población y esencialmente, por la ausencia  de una voluntad política del Estado para el rescate de tantas vidas e  inteligencias que se pierden, se suma el hecho dramático de una de las tantas  tragedias de la realidad  nacional que se suscitó en uno de los albergues sostenidos por la Secretaria de Bienestar Social de la Presidencia, en el cual pareciera que como sociedad, nos ha dado una especie amnesia colectiva acerca de un acto de barbarie contra las ilusiones de niñas que murieron carbonizadas, como una forma de esconder lo que nos duele en el alma.  Ante esto, ahora más que nunca,   el país requiere de un parteaguas que marque un antes y un después. La palabra la tienen los que nos quieren gobernar, a menos que escondan la cabeza en la arena del olvido, ignorancia o cinismo. El tiempo que es implacable, lo dirá.

Ciertamente hay  multitud de problemas complejos que resulta imposible resolverlos, menos en cuatro años de gobierno y la forma de cómo funciona la dinámica política. De ahí, que resulte trascendental, un parteaguas en torno a la niñez y la adolescencia, el cual consistiría en atender a más de ocho millones de personas que serán el soporte del futuro de nuestra sociedad y Estado.

Este  parteaguas en torno a la niñez y la adolescencia, sería el punto nodal de todo el quehacer del Estado y la sociedad guatemalteca. Debe  llevarse a la práctica una voluntad política dirigida esencialmente a la atención de este sector poblacional. Enfocarse a resolver lo prioritario como es la comida, la salud, educación, vivienda, cultura, deporte  y seguridad.


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