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Debemos crear el MITO de que una mejor Guatemala es posible

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Creo que todos o al menos una gran mayoría de guatemaltecos debemos cambiar nuestra actitud colectiva, de hablar todo el tiempo de las cosas negativas que suceden en nuestro país.

Cuando a los guatemaltecos nos preguntan cuál es la situación actual, siempre nos esmeramos en hacer una gran lista descriptiva de todas aquellas condiciones de violencia, robos de carros, muertes de pilotos, corrupción, inseguridad, etc. Lo cual es una realidad, es cierto, pero no distintas de las de muchos otros países. No obstante, en muchos de estos sitios hay una conciencia, de todos, de que la imagen positiva de un país vende, sobre todo en el mercado internacional.

Sin embargo, creo que lo peor de esta actitud inconsciente, de resaltar todo lo negativo que ocurre en este país, es el efecto en la psiquis de todos los que oímos, con cierto morbo, todo el día lo malo que somos.

Así de mal se encuentra nuestra autoestima colectiva, que solo podemos hablar de lo negativo, sin tomar en cuenta las innumerables cualidades, fortalezas y talentos, que todos los que nos ven desde afuera descubren en nosotros. Por ejemplo el espíritu de servicio y la amabilidad de nuestra gente. No digamos el regalo que tenemos de tantos climas a no más de media hora de distancia. O la cantidad de sitios arqueológicos y ciudades coloniales donde se puede ver hoy día la riqueza de nuestros trajes típicos y artesanías. Los bosques y junglas con su diversidad. Y no digamos nuestras playas tropicales tanto de arena blanca como negra. Sin olvidar nuestros bellos lagos y volcanes. Y si esto fuera poco tenemos una historia ancestral y milenaria para compartir. Las pirámides mayas, dentro de las más grandes del mundo antiguo. Nuestra capacidad de producir casi todas las frutas y vegetales con la frescura y sabor que jamás podrá tenerse en otras latitudes por nuestra tierra de origen volcánico y climas desde lo tropical hasta los bosques nubosos.

He estado en países con problemas más serios y con mucho menos fortalezas o riquezas que nosotros, que venden solo lo positivo de sus terruños. Con la clara consigna de que “lo bueno”, vende. Me ha tocado ver bloqueos de calles con llantas quemadas, enfrentamientos de grupos de agricultores con decesos violentos. He sido testigo de asaltos con persecuciones pistola en mano, en países con fama de pacifistas y donde no pasa nada violento. Lo más interesante fue cuando enfrente a mis colegas de oficina con sarna y sarcasmo y la respuesta fue: “Aquí no pasa nada, todo pura vida”.

De igual manera en otra ocasión, viajando en una reunión de negocios en Indianápolis, algunas de estas personas me preguntaron cómo estaba la situación en Guatemala. Y con esa ingenua franqueza que nos caracteriza a los guatemaltecos, sin filtro, respondí con la lista de los problemas que nos aquejan a los chapines.  En ese momento sentí un pisotón bajo la mesa. Y cuando volví a ver quién era el responsable, me dice un compañero de Colombia: “No seas poco inteligente, de su país, uno nunca habla mal. En el mío el estado de cosas esta mucho peor, pero yo jamás hablo mal de mi país, solo comparto las cosas buenas”.

Así que caí en cuenta que no son ellos los equivocados, somos nosotros los que debemos cambiar nuestra actitud respecto a lo que hablamos de nuestra tierra. Sí no somos capaces de vender todo lo positivo de Guatemala. ¿Quién lo hará? Sólo nosotros lo debemos hacer, nadie lo hará por nosotros.

Permitimos que muchas ONG’s se dediquen a despotricar nuestra imagen y minimizar todo lo bueno que tenemos.

Aplaudimos cuando miembros de nuestra elite económica, hacen eventos para describir todo lo malo que ocurre en nuestra Guatemala. Y lo discute y pone en boca de personajes, que en muchos casos fueron incapaces de cambiar la situación de sus propios países, cuando tuvieron la oportunidad. La pregunta es entonces: ¿Es factible pedir consejo de cómo hacer las cosas bien, justo a quienes no han podido tener la experiencia, pero que ahora son expertos de todo aquello que fueron inútiles de realizar?

De alguna manera puedo entender que es importante saber en dónde estamos y tener esto como una línea basal, pero de qué sirve esto si no construimos el mito de lo que podemos lograr. Y empezamos a construir una visión de lo que podemos alcanzar y diseñamos un sueño en la conciencia colectiva del guatemalteco y nos retamos con la certeza de que podemos realizarlo.

Es más importante diseñar y construir metas que sean claras, qué puedan medirse, pero con los pies en la tierra, con la certeza de que pueden realizarse y sobre todo con fechas para hacerlo.

Hay un refrán de la sabiduría árabe, que dice: “Si quieres vender tu viejo camello, no puedes decir, que esta cojo, que ya no se levanta y que no carga lo mismo que antes; debes contar lo bueno que es, lo noble y lo útil que te ha resultado, lo ágil, que come poco y trabaja mucho, y todo el beneficio que ha traído a tu negocio”. Así lo venderás sin problema.

Todos sabemos lo que está mal, que hay muchas cosas que debemos mejorar. Lo más importante es construir ese MITO, de que podemos lograr nuestros sueños. Empero sobre todo necesitamos tener una visión objetiva de a dónde queremos llegar.

La imagen vende. Sí no aprendemos eso, estamos condenados a seguir siendo víctimas. Los trapos sucios se lavan en casa. Tenemos mucho más positivo que vender. ¡Saquémosle beneficio a lo que verdaderamente importa! Y más que nada creamos en lo que somos.


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