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¿Quién prenderá la mecha?

VOCACIÓN DE LIBERTAD

Los conspicuos acontecimientos políticos de este también conspicuo ―por sospechoso― proceso electoral, se alimentan todos los días con decisiones extrañas de nuestras cortes y jueces electorales.

Las fuerzas políticas están constituidas por tres candidatas punteras, toda una tropa de candidatos intermedios y otra de partidos ciertamente pequeños.

Esas fuerzas, entrenadas y formadas en lugares estratégicos, constituyen las huestes que al mejor estilo del “jueves negro y viernes de luto” están preparadas para actuar.

Resulta que todo es demasiados obvio. Hace unos días, me reuní con varios amigos generalmente bien informados. Me contaron acerca de una línea estratégica ya puesta en marcha. Dijeron que se trata de un libreto que se sigue a pies juntillas.

El objetivo es descabezar a los punteros para dar paso a otros del pelotón, escogidos en la residencia de cemento que esta sobre la Avenida Reforma.

Pregunté: ¿Es de verdad posible que así vaya a ocurrir? ¿De 0 a 100 que probabilidades le das? Uno de ellos respondió con un determinado 90%. En los otros no bajó de 70%.

Lo tengo que decir, la situación es evidente. Sirva como ejemplo la serie de sucesos acontecido esta semana a la precandidata Aldana. De perseguidora de corruptos pasó a ser señalada de corrupción y prófuga de la justicia. El Ministerio Público presentó pruebas que sustentan los cargos.

Piense en su extraña inscripción en el TSE, considere a una Fiscal General que ante un caso tan tremendamente mediático no ha dicho “esta boca es mía”. Por otro lado, medite sobre un juez que asombrosamente solicita la captura de la señora Aldana y de un Ministro de Gobernación que, encantado, anuncia que la policía no está para cuestionar las órdenes del juez sino para cumplirlas. Imagine a la dama de Gualán, ahora refugiada en El Salvador viendo como sus seguidores, uno a uno, van dejando de recibir sus llamadas y empiezan a evitarla temiendo resultar implicados.

¿Coincidencias? Tal vez, pero más difícil aceptarlas como tal que creer en unicornios azules volando sobre el lago Petén Itzá.

Por lo contrario, hay razones para pensar que el ambiente se está calentando al grado que, sin vuelta de hojas: alguien está moviendo los hilos del proceso con la mejor intención de que esto no camine o lo haga pero según voluntades distintas de los electores. Algo va a estallar. De eso parece no haber duda. La pregunta es: ¿Cuándo y quien prenderá la mecha?

Otra candidata, hasta el momento estoicamente lucha para que su derecho a la posibilidad de ser electa mantenga plena vigencia. Lo hace por ella pero también por sus descendientes. Por su hija y sus nietos y bisnietos que aún no han nacido. ¿Cómo es posible que se penalice a todas las generaciones futuras por hechos atribuidos a una persona, de la cual se asume (nunca hubo una sentencia firme) haber perpetuado un ilícito?

Llamar atípico al actual proceso electoral es un acto de extrema de corrección política. Un término más preciso, aunque menos elegante sería llamarlo aberrante.

Tal cual escribí en artículo anterior, estamos frente a una primera vuelta electoral inédita. Los electores desconfían de los candidatos. Latinobarómetro informó recientemente que 3 de cada 4 ciudadanos (75%) ven con recelo a quienes ahora disputan el derecho de conducir el Gobierno central y los gobiernos municipales.

Esa parte mayoritaria de la población, según la fuente citada, cree que frente al poder y al dinero los políticos podrían ceder con cierta facilidad. Piensan que el crimen organizado está prácticamente institucionalizado en el país. Opera abiertamente. Lava dinero y compra voluntades, sea con dólares, sea con plomo. Está convencida de que ya permeó a más de un candidato a Alcalde, Diputado y aún a candidatos a la presidencia.

Esas ideas circulan principalmente alrededor de la tercera candidata pues ya ha gastado mucho dinero. En las proximidades de San Bernardino, por ejemplo, donde los vecino buscaban reparar un camino que soportara el invierno, la generosa candidata les mandó a dejar el piedrín que hacía falta.

Su candidatura ha sido puesta en entredicho. El jefe de la fiscalía busca apelar y dejarla con los moños hechos. ¿Se irán a dejar despojar ―ella y sus partidarios― de unos Q. 400 mil millones de quetzales que les tocaría administrar en los cuatro años, entre 2020 y 2024?

¿Quién y cuándo prenderá la mecha?

¡Animo!


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