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Maldita incertidumbre

Teorema

Cuando Cabañas pidió la palabra, en la reunión de CRAE del pasado martes 12, lo hizo para decir que quienes pasarán a balotaje podrían ser Zury y Farchi. Aquella simple declaración suya fue, para mí, como un cristal rompía en mil pedazos.

Igual que muchos electores, había comprado la idea de que Sandra Torres pasaría a balotaje. Que la elección era para ver quien la acompañaba. ¡Indiscutible falsedad!

El proceso electoral debiera ser ese brevísimo ejercicio cuando los ciudadanos recuperamos nuestra condición de soberanos para elegir a quienes administrarán nuestros tributos. Empero el TSE lo ha restringido sobremanera. Aun hoy no podemos visualizar quiénes podrían ser los finalistas. Con tal incertidumbre, cualquier resultado es posible.

Sobre los resultados de las elecciones de junio, uno solo puede decir, siguiendo a Sócrates: “Solo sé que no se nada”.

En lo que a preferencias electorales respecta, las encuestas que realizaron entrevistas en febrero, son un timo. Una de ellas, la más publicitada, distribuye los resultados válidos (excluyendo los NS/NR) así: Torres 27%, Aldana 16%, Ríos 12% y Giammattei 9%. Otros 4 candidatos suman 15% y los 18 restantes reciben 6.9%. A estos se suma 10% que respondió: Ninguno. Cualesquiera sean los resultados finales, estoy convencido que serán muy distintos.

Permítame explicar por qué me expreso tan radicalmente en contra de esas recientes encuestas. Suponga que una guapa entrevistadora le dice: “Si usted estuviera viviendo en Argentina y las votaciones fueran hoy ¿Por quién votaría, por Macri, por Cristina, por Lavagna, por Carrió, por Vidal o por Masa?” Algunos responderían: No sé; pero la mayoría daría un empate entre Macri y Cristina. Las otras opciones, poco conocidas por los guatemaltecos, recibirían pocas menciones.

Ese dato, utilizado perversamente para favorecer a Cristina o a Macri, los posicionaría en los primeros lugares, ofreciéndoles ventaja en la salida y después, a lo largo de todo el proceso. Un beneficio importante, en perjuicio de los demás contendientes.

Algo parecido sucedió aquí con las encuestas desarrolladas entre enero y febrero. La mayoría de entrevistados no conocía a muchos candidatos. Sus resultados fueron utilizados por la prensa y por connotados analistas para sesgar la opinión de los electores. Se creó un clima favorable a las tres señoras que iban a la cabeza.

Me pregunto: ¿Tenían posibilidades significativas Aníbal García, Danilo Roca, Benito Moran, Estuardo Galdámez, Mauricio Radford, José L. Chea, Guillermo Cabrera, Luis Velásquez, Pablo Duarte, Pablo Ceto, Amílcar Rivera o Manuel Villacorta de figurar en los resultados de una encuesta desarrollada en febrero, cuando Isaac Farchi aún no era candidato? Ellos eran desconocidos por el gran público. Fue hasta el pasado 18 de marzo (hace dos semanas) cuando pudieron presentarse ante los medios e iniciar su publicidad.

Por lo contrario, Sandra Torres, Zury Ríos, Alejandro Giammattei y Mario Estrada participaron antes en varios comicios y son conocidos nacionalmente. Thelma Aldana llevaba cinco años (desde marzo 2014) de tener exposición mediática permanente. Algunos creemos que empezó a hacer campaña política presidencial en abril 2015 bajo la dirección de un asesor gringo-africano y otro colombiano. Edwin Escobar es el más mediático y conocido entre todos los alcaldes. Empero, al compararlo con las tres señoras su popularidad es menor.

Así que, por favor no haga caso de las encuestas realizadas a la fecha. Tal vez en las de mayo… las de ahora no.

Las encuestas exploratorias, de posicionamiento, sí tienen validez tanto en la data como en su fundamento ético. En ellas se investigan las necesidades de los electores, su ideología, los problemas que enfrentan y los que esperan que resuelva el gobierno. Las contratan los partidos o sus patrocinadores para crear o evaluar estrategias de campaña. Sus resultados no siempre llegan al público.

Las encuestas recientes están siendo conducidas por agencias serviles a los intereses de quienes financian su trabajo. Favorecen que el público resulte indecentemente engañado y ellas –sus directores– lo saben, tienen que saberlo. Va contra la ética preguntar, deliberadamente, temas que los electores desconocen. ¿Precipitada ansiedad? ¿Ignorancia? ¿Mala voluntad? No lo sé, pero tiendo a quedarme con lo último.

El registrador, los miembros del TSE, los magistrados de la CC así como la mayor parte de la prensa, están debilitando innecesariamente la figura de quien habrá de dirigir nuestro destino como país.

Han olvidado que en este proceso electoral se está seleccionando a quien ocupará el cargo de mayor dignidad en nuestra patria. A quien habrá de ser presentado como “excelentísimo señor Presidente de la República de Guatemala”. Pero tanto señalamiento lo está haciendo ver como si en vez de ello estuviéramos escogiendo al cabecilla de una confederación de narcotraficantes.

Esta situación, en la que el TSE tiene un papel central de importancia debilita la institucionalidad del país. El futuro presidente entrará con un desgaste público importante.

La votación del 16 de junio culminará un proceso electoral extremadamente regulado por el TSE e intervenido por la CSJ y la CC. Los candidatos enfrentan demandas, juicios, antejuicios, impugnaciones… Es exagerado.

Hay demasiada judicialización en un proceso que debiera ser político. Ante la incertidumbre creada por el TSE, a sus magistrados ya solo les falta mover el brazo del centro hacia afuera mientras dicen: ¡a un lado, que vamos a decidir nosotros!


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