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Editado Para La Historia

Si quiere ir a un lugar donde buena gastronomía vaya de la mano con buenos vinos, donde música y folclor sean de gran alegría, donde encontrar elegantes señoras sentadas en los salones de té y capaces de hablar 4 ó 5 idiomas, un lugar donde la risa es de rigor y el mal humor se deja en casa… la tiene fácil: visite Budapest. Los húngaros hacen honor a esa famosa filosofía de vida que los franceses llaman “Joie de vivre”, es decir, “alegría de vivir”. El idioma húngaro en sí es algo realmente difícil de aprender, sobre todo para una persona de un idioma latino como es el nuestro. Tiene nada más y nada menos que 18 casos de declinación, lo que para nosotros se hace algo absolutamente inhumano. Quienes saben algo de latín, alemán, griego o ruso sabrán qué quiero decir con declinaciones. Pero para el oído extranjero no deja de tener una maravillosa sonoridad, como de alguien que canta una armoniosa melodía en forma de ola que sube y baja.

Y Dios sabe que Hungría no siempre ha tenido una historia fácil y condiciones agradables para sus pobladores. Un buen antropólogo social podría dedicarse a entender de dónde viene ese carácter que no deja de tener un toque de frivolidad y que caracteriza a los húngaros siempre dispuestos a reír de buena gana y a sonreír al extranjero.

La historia de Hungría comienza con una pequeña aldea celta en la orilla sur del Danubio y que sirviera de base a la provincia romana de Panonia, los Romanos, siempre en su afán de expandir su imperio. Después, desde las regiones del Cáucaso llegaron los magyares, que son los ascendentes de este maravilloso pueblo del centro de Europa. Fueron ellos los que crearon su nación que, en el transcurso de la historia, ha sido invadida por mongoles, visigodos, eslavos, germanos, otomanos, austriacos y muchos más. Pero Hungría también ha tenido grandes momentos de gloria y ha sido un gran reino, lo que en la historia se conoce como la Gran Hungría, que dominó territorios de las actuales Eslovenia, Eslovaquia, Rumania, Serbia y Dalmacia. Con los avatares de la historia ha visto cómo crecen y se reducen sus fronteras.

De la época de dominio otomano quedó el gusto por las termas y las piscinas, que encontrará por doquier en Budapest, cada una más agradable y elegante que la precedente. El precio de salirse del yugo otomano fue caer en manos de la familia de Habsburgo de Austria con los que a la larga llegaron a tener un buen entendimiento porque juntos formaron un imperio, el austrohúngaro, que tuvo un gran peso en la historia del arte, la cultura y la política hasta que, como consecuencia del derrocamiento de los países del Eje durante la Primera Guerra Mundial, fuera desmembrado a favor de Estados nacionales. Allí Hungría perdió una buena parte de su territorio y muchos húngaros parlantes terminaron viviendo en territorios cedidos a los vecinos vencedores, como es el caso de Transilvania, ahora de Rumanía, y famosa por el Conde Drácula.

Hungría nos ha dado muchos personajes famosos siendo el más famoso de todos el gran compositor Franz Liszt. Los húngaros ponen delante el apellido y detrás el nombre. Francisco en húngaro se dice Ferenc, por lo que realmente en húngaro a este compositor se le llama Liszt Ferenc. También la célebre y antaño pulposa Zsa Zsa Gabor era húngara.

Si se habla de gastronomía húngara es necesario hablar del famoso gulasch, del foie gras, del muy conocido postre nacional dobos creado por el repostero húngaro Joseph Dobos y que desde finales del siglo XIX es furor dentro y fuera de los límites de Europa. Cuentan en Sissi enviaba como regalo pasteles dobos en hermosos estuches de madera encargados personalmente al Sr. Joseph Dobos. El mejor Dobos (opinión personal) en estos momentos de Budapest es el de la célebre y antigua repostería Gerbeau (Vörösmarty tér 7-8) desde donde podrá emprender un paseo por la peatonal Váci Utca (Calle de Vác, allí algunos comerciantes hablan español con acento mexicano) hasta el célebre mercado central y degustar en el mismo quesos, salamis, foie gras y otras delicias de la cocina húngara (en Vámház kórút – Avenida Vámház, a orilla del Danubio).

No podemos dejar de hablar de los vinos Tokay, viñedo de gran prestigio que da nombre a sus nada baratos vinos licorosos y de un extraordinario color dorado. Desde hace siglos es un regalo para el paladar de los más refinados conocedores.

Sissi y su esposo Francisco José fueron coronados reyes de Hungría en la catedral de San Matías. El último de los reyes húngaros coronados fue Carlos IV junto con su esposa Zita. Después del desmembramiento del imperio austrohúngaro, Hungría vivió un breve periodo comunista, dirigido por Béla Kun que fundó la República de los soviets de Hungría, pero rápidamente fue aplastada por el general Miklós Horthy (más tarde regente del país, a falta de rey) quien, por tanto resentimiento que sentía por sus pérdidas territoriales, llevó a Hungría a la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania Nazi.

Es muy importante señalar que el concepto de nación, de territorio húngaro e incluso del pueblo mismo tiene una representación física. Se trata de la Corona de San Esteban. La corona de San Esteban. Esta corona fue regalo del Papa Silvestre II a Esteban I, primer rey católico de Hungría y que fuera proclamado como tal el 25 de diciembre del año 1000. Dato significativo de esta Corona es que en su cima lleva una cruz inclinada y se dice que fue por un mal golpe recibido durante el viaje desde Roma.

La corona de San Esteban junto con los otros símbolos del Reino, a saber: el cetro, el orbe y el manto real fueron entregados in extremis a la 86va División de Infantería de los Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial ante la inminente llegada de los soviéticos con la intención de que estas joyas no cayeran en manos soviéticas. Los norteamericanos mantuvieron estas reliquias en Fort Knox (Kentucky), donde se conservan las reservas de oro de los Estados Unidos y otros objetos de incalculable valor, y solo fueron devueltas a Hungría en 1978 bajo el gobierno de Jimmy Carter después de profundas investigaciones para confirmar la autenticidad de tan preciosos objetos.

El período comunista comenzó en 1948 cuando los soviéticos impusieron como presidente a Mátyás Rákosi, por nadie elegido. En octubre de 1956, ante la posición moderada del Primer Ministro Imre Nagy, se fraguó un levantamiento popular conocido como la Insurrección de Budapest contra la opresión soviética. Los tanques soviéticos aplastaron a sangre y fuego la rebelión masacrando a más de 3000 personas; después otras 20000 tuvieron que emigrar al extranjero. En 1968 el Primer Ministro Janos Kádar permitió ligeras aperturas de privatización en la economía, lo que generó cierto bienestar para el pueblo, sobre todo si se compara con el resto de los países vecinos bajo la égida de la Unión Soviética. Sólo en 1989, el Primer Ministro Miklós Németh, comunista reformador, abrió la frontera con Austria siendo el primer golpe contra la Cortina de Hierro. Fue uno de los primeros eventos en el efecto dominó que llevó al derrocamiento de la Unión Soviética.

Desde entonces se ha proclamado la tercera república húngara, se ha desechado el sistema comunista de producción, se retiró de la bandera el odiado escudo impuesto por los soviéticos y se volvió a utilizar el antiguo escudo nacional con la Corona de San Esteban, se restablecieron las libertades públicas y la libertad de prensa, así como el multipartidismo. Desde el primero de enero del año 2000 en el salón central, bajo la cúpula del Parlamento Húngaro, a orillas del Danubio y bajó solemne escolta de 4 soldados, descansan los símbolos, del pueblo, de la nación y del territorio húngaro: Las joyas de San Esteban.

Si puede ir a Europa considere visitar este hermoso país, esta seductora ciudad de Budapest. Visite y contemple en el Parlamento las joyas de la nación y la Corona de San Esteban. Obligatoriamente sentirá como su corazón se contagia con esa hermosa filosofía de vida llamada “Joie de vivre”.

La corona de San Esteban

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