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Editado Para La Historia

Todos recordamos aquel 31 de agosto de 1997 cuando la prensa nos comunicó la trágica muerte de la princesa Diana de Gales en un accidente automovilístico en el Puente del Alma en París. Diana era la quintaesencia de la gracia, la elegancia y la bondad, pero antes de Diana hubo otra noble que también encarnaba estas características. Casualmente ese 31 de agosto de 1997 se cumplían exactamente 62 años de la muerte, el 31 de agosto de 1935, de otra gran princesa, Astrid Princesa de Suecia y Reina de los Belgas. También casualmente a menos de 100 metros de donde falleció Diana se encuentra la Place de la Reine Astrid en París.

El 17 de noviembre de 1905 nació en Estocolmo Astrid Sofía Thyra de Suecia, hija del príncipe Carlos y de la princesa Ingebord de Dinamarca. Tuvo dos hermanas (Margarita y Marta) y un hermano, Carlos.

De niña fue enfermiza y tímida, siendo una gran devoradora de libros y excelente deportista. Estuvo matriculada en una escuela para señoritas de sociedad, pero ella se sentía muy lejos de los suyos, por lo que tuvo profesores particulares en casa. Estudió lo que realmente amaba: puericultura. Debido a que la corte sueca no tenía un protocolo riguroso y a que se había perdido una buena parte de la fortuna en la quiebra de un gran banco danés, la vida en casa del príncipe Carlos era como la de cualquier familia burguesa de su país.

Lejos de su natal Suecia y solo 4 años antes había nacido otro niño, Leopoldo Felipe Carlos Alberto Meinrad Humberto María Miguel de Saxe-Cobourg y Gotha, destinado a ser el cuarto Rey de los Belgas. En su calidad de heredero al trono tomó el título de Duque de Bravante. Su hermana fue María José de Bélgica, última reina de Italia.

El joven príncipe Leopoldo recibió clases de historia, ciencias políticas, filosofía y religión. La madre del príncipe, Isabel Gabriela, buscaba novia para su hijo y después de descartar a varias pretendientes se fijó en las princesas suecas. En un baile organizado para la ocasión en Copenhague llegó el flechazo de amor mutuo, aunque Isabel Gabriela, la madre, había apostado por otra de las hermanas de Astrid.

A partir de ese momento Leopoldo visitó varias veces Suecia de incógnito y, después de confirmar sus deseos, se fijó la boda civil en Estocolmo para el 4 de noviembre de 1926 y la boda religiosa 6 días más tardes en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula en Bruselas. Desde su llegada al puerto de Ostende en Bélgica Astrid supo cautivar a sus futuros súbditos por su espectacular belleza y su extrema sencillez. La llamaron “La Princesa de las nieves”.

De este matrimonio nacieron Josefina Carlota, que casó con el Gran Duque Juan de Luxemburgo, Balduino, futuro Rey de los Belgas y que casó con Fabiola de Mora y Aragón y el menor, Alberto, que sucedió a su hermano Balduino con el nombre de Alberto II.

En febrero de 1934, Alberto I muere en un accidente de alpinismo y lo sucede su hijo con el título de Leopoldo II.

A comienzos de 1935 la economía belga es golpeada por una fuerte crisis y los desempleados pidieron audiencia al rey para explicarle sus precarias condiciones de vida. Astrid de inmediato se solidariza con la causa de los desempleados y organiza en el Palacio de Bellevue, residencia de la pareja real, una colecta de ropa y comida para los afectados.

El 31 de agosto de 1935 sale de vacaciones la pareja real para visitar las montañas Dolomitas, el lago de Garda en el norte de Italia y el lago de los Quatre Cantons (cuna de la nación suiza) El 29 de agosto de 1935 en la carretera de Lucerna a Zurich el rey va al volante de un nuevo Packard 120. La Reina Astrid iba sentada a su derecha en el asiento del copiloto y el chofer se encontraba en el asiento trasero. En un momento de inatención de Alberto para mirar el mapa que llevaba Astrid en las manos, el coche patina, atravesó el parapeto de la carretera, chocó contra un arbusto para terminar al borde mismo de lago. El rey y la reina fueron eyectados del coche. La reina tuvo una fractura en el cráneo por haberse golpeado con un árbol y una profunda herida en el rostro, que le causó su inmediata muerte. El rey salió con una fuerte lesión en la rodilla, en el brazo y en la mano. El chofer también salió mal herido

Al día siguiente del accidente los restos mortales fueron repatriados por tren a Bélgica donde no se quería creer la noticia. Durante 3 días millares de belgas le rindieron homenaje en el Palacio Real de Bruselas y sus funerales solemnes tuvieron lugar el 3 de septiembre en la misma Catedral San Miguel y Santa Gúdula donde 18 meses había sido proclamada reina y donde 9 años antes había contraído matrimonio religioso con su amado Leopoldo.

Leopoldo nunca más contrajo matrimonio. Pocos años después Bélgica fue invadida por Hitler. Ante la poca resistencia que Leopoldo opuso a los ocupantes más adelante, en 1950, se vio en la necesidad de abdicar a favor de su hijo Baduino para salvar la monarquía.

Muchos lugares, plazas, calles, restaurantes, hoteles y casas de té llevan el nombre de la Reina Astrid, la Princesa de las nieves, que aún es querida y recordada por todos los belgas.