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Al Dios no Conocido

Emunah

Los griegos eran politeístas por lo que rendían culto a diferentes dioses. En Atenas, capital de Grecia, el ambiente “religioso” que imperaba en la sociedad, se palpaba al caminar por sus calles. Poseían un altar para cada Dios, y para no errarle había un altar dedicado “al Dios no conocido”.

Esto llamó la atención del apóstol Pablo cuándo visitó la gran Atenas. Durante su estancia, en esta magnifica ciudad, dirigió el siguiente discurso: “Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.”

Pablo prosiguió con su discurso asegurando que ese maravilloso Dios, es el creador del mundo y todo lo que hay en él; y es Él quien da vida y aliento a todas las cosas. Un Dios que no vive en templos hechos por seres humanos,  y que a partir de un solo hombre hizo todas las naciones. Dios hizo esto para que todos lo busquemos y lo encontremos, porque Él no está lejos de nosotros.

Así mismo explicó que Dios nos da poder para vivir y movernos, y para ser lo que somos. Por tanto, siendo descendientes de Dios, no debemos pensar que Dios sea un ídolo hecho de oro, plata y piedra esculpida. Y culmina su discurso diciendo “Dios toleró la ignorancia de la humanidad en el pasado, pero ahora ordena que todos se arrepientan, porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por medio del varón que escogió (Jesús) y que acreditó al levantarlo de entre los muertos.”

En nuestros tiempos la situación religiosa no ha cambiado mucho. Hay muchos que seguimos adorando y rindiendo cultos a muchos dioses modernos, pero aún tenemos un altar para “el Dios no conocido”. Hacemos un poco de esto, un poco de aquello; pero no nos conectamos con Dios al 100%.

Hay muchos que escuchan sermones, festejan los eventos religiosos, aprenden versículos de memoria, y escuchan música con letras cristianas, pero no quieren adherirse a la Palabra de Dios. No aplica a todos, pero a veces el más religioso, el más devoto, aquel que dice conocer a Dios es el que más lejos esta de él.

Otros viven de sus recuerdos, tuvieron un encuentro con el Señor tiempo atrás, y no procuraron seguir teniendo una historia personal con Él, por lo que su fe sólo se limita a ese recuerdo o se alimenta de los testimonios de los demás. Muchos creemos conocer a Dios, y lo metemos dentro de una cajita que lo define conforme a nuestro parecer.

Hay de los que piensan que Él es el Dios sanador, algunos lo conocen como el Dios de la prosperidad, o como Dios consolador, y otros como el Dios que los liberó de una cárcel emocional, o de una mala experiencia. Y si bien Dios prospera, Dios sana, y Dios bendice, Él es mucho más que eso. Un Dios vivo, te llena de nuevas experiencias cada día.

Cuando estas conectado a Él, descubres un poco más de Dios que no habías conocido jamás, aún cuando no te encuentras en un entorno de adoración. Un Dios que es real en tu vida, lo encuentras en todas partes, se convierte en protagonista de tu vida. Deja de ser el Dios del templo, el Dios del pastor, o el Dios del predicador, se convierte en tu Dios personal.

Cuando esa relación con Dios se vuelve así de íntima, entonces en cada triunfo, en cada logro, y aún en cada falla y error Él estará presente y sentirás siempre su amor, su perdón y su gracia. Te motivará a ser mejor, a ser íntegro, honesto y transparente en todo lo que hagas, sin buscar reconocimientos ni recompensas porque en todo querrás darle la honra y gloria a Dios.

Dejarás de adorar al Dios no conocido, para empezar a adorar a un Dios cuya relación personal crecerá más y más cada día. Un Dios que te acepta con tus virtudes y defectos, y que te ama aún cuando le fallas. Un Dios que nunca te abandona, y siempre está anhelando habitar en tu corazón para que su latir con el tuyo se convierta en uno sólo.

Descubrirás a un Dios que siente, un Dios que ríe, que llora, que nos ama, y aunque se enoja, también es misericordioso y tierno con nosotros. Cuándo realmente lo hacemos parte de nuestra vida, y deja de ser un rito, una costumbre o algo cultural; es cuando el pecado, las reglas, y todo lo religioso pasan a segundo plano, porque entonces anhelamos su presencia y luchamos por no traicionar Su corazón y Su confianza.

La presencia de Dios no termina cuando culmina un servicio dominical, o cuando dejas de leer la Biblia o cantar un coro. La presencia de Dios quiere estar contigo todos los días de tu vida, cuando disfrutes de una película, cuando estés trabajando, cuando estes en el supermercado, cuando disfrutes con tu familia, o hagas miles de otras cosas.

“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad…” Jeremías 29:12-14.

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