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La USAC presente

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Antropos

Un pensador ha dicho que el trabajo académico debe probar su valor no en sus propios términos, sino en el servicio a la nación y al mundo. En este sentido, habrá que recordar que la Universidad tiene la responsabilidad de coadyuvar a un proyecto de cambio social. No lo podrá hacer sola y su quehacer debe compartirlo con diversas instancias y organizaciones de la sociedad estableciendo “vasos comunicantes” de articulación social. Le corresponde promover y abrir  posibilidades en torno al desarrollo y  formas de realización, tales como formación de profesionales, desarrollo de la investigación, función social a diferentes  sectores o grupos, así como  promover la importancia de sus propios pensadores.

La USAC, siendo una institución educativa al servicio de la sociedad y el Estado, ha logrado por largos años desde su creación en 1676, resultados importantes, pero a su vez, también  estancamientos y vacíos de acuerdo a las improntas de la dinámica histórica. La Reforma Académica de Liendo y Goigochea, fue un jalón de fondo que superó el pensamiento feudal  escolástico de corte dogmático, el cual prevaleció desde su fundación hasta el siglo XVIII. Se transformó la docencia y la investigación con la introducción del método inductivo experimental a través del cultivo de las ciencias naturales y exactas. Con el gobierno de Mariano Gálvez, a la Universidad se le dio la responsabilidad de convertirse en un centro de formación de maestros.

Fue con la revolución de 1871, que se le vinculó  con el desarrollo  económico y el impulso a la producción en el marco del pensamiento liberal. A su vez, también adquirió mayoría de edad el estudio de las ciencias jurídicas formando a los  intelectuales orgánicos que formularon un modelo de Estado moderno. Abogados y médicos, son los que le han dado a la USAC, su consistencia profesional, que años después, se fue transformando con el ingreso de otras especialidades.

El advenimiento de la dictadura de 22 años de  Manuel Estrada Cabrera, a la Universidad se le impuso el nombre de este notable conculcador de la libertad. Sin embargo, en medio de estas condiciones adversas, los estudiantes crearon el Periódico No Nos Tientes y la Huelga de Dolores para satirizar a estos personajes funestos, junto al himno de combate La Chalana.  

Años después, el general Jorge Ubico, dictador de 14 años,  procuró coartar el libre juego de ideas en la Universidad. Frente a estos años nefastos, la primavera democrática de 1944 a 1954, iluminó a la USAC con su autonomía, el impulso a la cultura y a la ciencia con presidentes lúcidos como Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz Guzmán.

En medio de turbulencias político represivas, a partir de 1954, la USAC a logrado sobrevivir. Sus académicos alcanzaron fortaleza y su función social se logró concretar. Miles de graduados al servicio de la sociedad. Los docentes se atrevieron a pensar en vos alta, a pesar de los riegos. Pero en las décadas fatales del 70 y 80, casi arrasaron de nuevo, con las cabezas pensantes y una especie de aplanadora pasó por el campus universitario. Desaparecieron a sus dirigentes. Asesinaron docentes y otros al  exilio. Las huestes demolieron un ideal de universidad.

Después de bregar casi en la orfandad y de un cierto aislamiento generado por el miedo, la USAC ha empezado a encontrar veredas que abren las puertas de nuevo al libre juego de ideas y debates abiertos acerca de la compleja realidad que la envuelve. Tímidamente se han promovido centros de investigación, fortalecido la publicación de libros y revistas. Se han renovado carreras y hay esfuerzo por acreditar su calidad a nivel internacional.

Se observa preocupación por avanzar en la formación de postgrados a nivel de doctorados y se abren las puertas para renovar los paradigmas educativos de la enseñanza por el aprendizaje a través de los instrumentos virtuales y de las metodologías de la educación a distancia. Se vuelven abrir los vínculos con grandes universidades del mundo para formar a nuestros docentes e investigadores. Obviamente, es un proceso complejo en el que se deben superar las confrontaciones  alimentadas desde fuera de la Universidad.

A la fecha, con 200 mil estudiantes ubicados en los 22 departamentos del país, con una diversidad de carreras profesionales, exigencia por la calidad educativa para formar ciudadanos competentes, se convierte todo esto, en un gran reto para el logro del  derecho humano a la educación superior.

Negar el derecho a la educación, es un acto violatorio de los derechos humanos. Es algo que no puede suceder si anhelamos una sociedad educada y con fuerte compromiso ético profesional.

Se debe crear un ambiente de confianza porque la vida académica  requiere sosiego. La responsabilidad con los jóvenes y la sociedad es enorme y para ello se debe trabajar con seriedad.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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