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Feminismo y amas de casa

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Descubrir Las Raíces

Recientemente (mayo 2019) recibí un mensaje que señalaba  que conviene distinguir entre feminidad real y feminismo ideológico. Y explica la profesora estadounidense Christina Hoff Sommers, feminismo de la libertad frente a feminismo de género, la mujer es agente necesario de la regeneración socio-cultural, hay que ir más allá del dogmatismo ideológico y del relativismo. Y comenta que ella se considera feminista de la libertad, y no de género. Habla de los distintos tipos de feminismos y cómo la corriente actual está infantilizando a la mujer, mientras trata de despojarla de su poder de decidir y obrar libremente como individuo.

Y me llevó a un tema que comenté y que es un punto que inquieta: que la mujer tiene actualmente poca estima como madre de familia.

Y es que a pesar del adelanto en el reconocimiento a la mujer de participar en igualdad de condiciones que el hombre en las actividades de la sociedad, siguen existiendo discriminaciones: una de ellas se refiere a la situación que viven millones de amas de casa, privadas de cualquier reconocimiento económico por el trabajo que realizan dedicándose plenamente  a las tareas del hogar. Son trabajadoras a jornada a veces más que completa, situación prácticamente ignorada por el conjunto de la sociedad, incluidos muchos movimientos feministas.

Son el colectivo profesional más numeroso en todo el mundo. Su trabajo, silencioso y silenciado, ocupa a muchas prácticamente la totalidad del día en las llamada tareas domesticas –o su vigilancia-, cuidar niños y a veces a ancianos, sin contar cuando tienen que realizar gestiones fuera de la casa, a comunidades de vecinos y reuniones escolares; arreglar electrodomésticos y un largo etcétera, conocido y frecuentemente no reconocido.

Por su impagable capacidad de gestión y de organización en el hogar, por la calidad de vida que generan tanto en el terreno de la alimentación como en el de la higiene, las amas de casa tienen derecho a una compensación que, hoy por hoy, la sociedad no les otorga. Incluso sociedades avanzadas, no tienen en cuenta para nada a la mujer que decide voluntariamente dedicarse a la familia y al cuidado de los hijos. Por el contrario, frecuentemente –y no sólo en Guatemala- la mujer es considerada por muchos como si fuera un riesgo laboral, porque su condición puede obligarlas a suspender sus labores al dar a luz, al verse enfrentada a la enfermedad de sus hijos… Es decir, no sólo no se reconocen sus valores como sostén de la familia, base de la sociedad, sino que además como que se las castiga.

El punto concreto es muchas veces la política fiscal en las prestaciones sociales para ayudar a los hijos, conceden ventajas a las mujeres que tienen empleo remunerado; pero aplican injustamente otra política a las mujeres amas de casa, negándoselas. Pareciere que la sociedad quiere –facilita- que todas las madres trabajen fuera de casa, y preferiblemente a tiempo completo, apenas sus hijos cumplan unos pocos meses. Y esto, sin matizar, es una política errónea: todos, sociedad y gobierno, debemos reconocer y valorar el trabajo que muchas mujeres, voluntariamente, deciden al atender a su familia. Deben planearse reformas fiscales para ayudar precisamente a las madres que se quedan en casa, teniendo en cuenta que son una contribución decisiva para el bien de la nación.

Estamos en buen momento para que se reconozca la contribución social prestada por las amas de casa; y todos saldremos ganando; no sólo ellas.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor: http://elsiglo.com.gt/2018/12/29/los-crimenes-de-personas-buenas/