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Celebremos a las abejas en su día, pues sin ellas no hay vida

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La organización de Naciones Unidas determino el 20 de mayo como el “Día Internacional de las Abejas”, como una forma de advertir a la comunidad global sobre los diversos peligros a lo que están sujetas y hacer conciencia sobre su vital importancia como polinizadores en distintos sistemas naturales y agrícolas.   

Se estima que al menos tres cuartas partes de los cultivos alimentarios en el mundo dependen en gran medida de la polinización, de los cuales más de la mitad de ellos se producen por especies polinizadoras de invertebrados, especialmente de las abejas y las mariposas.

Lejos de velar por su preservación, estas especies enfrentan serios peligros que amenazan con su extinción, ello derivado de múltiples factores, principalmente el cambio en el uso de suelo, prácticas agrícolas intensivas, el uso de plaguicidas y el fenómeno del cambio climático.

De acuerdo con estudios realizados por la Dirección General de Investigación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en nuestro país existe una amplia variedad de abejas nativas que desempeñan una importante función polinizadora, reconociéndose la presencia de 33 especies de las cuales al menos 13 se encuentran en grave peligro de extinción.

Según estos estudios existen varias especies que han sido domesticadas y cultivadas en Mesoamérica desde la época prehispánica.  Aunque la miel de las abejas es el producto principal que conocemos no es el único.  Los beneficios de estos insectos a la sociedad son diversos principalmente en el papel que juegan en la polinización, el cual es clave para la seguridad alimentaria de las poblaciones.

En función de lo anterior es urgente que las autoridades pertinentes en el país prohíban la utilización de plaguicidas que son tóxicos para las abejas, debe realizarse la debida evaluación de riesgo de los agroquímicos que hoy se encuentran en el mercado en términos de impacto a la biodiversidad.

Así mismo es precisa la concientización a la población en general sobre el alto beneficio de estas especies para que les cuiden y preservan.   Es preciso que se promuevan más programas técnicos en apicultura a nivel nacional, pues además de los beneficios ambientales y agrícolas que ello genera puede ser una actividad con potencial económico para la población.

Las universidades del país tienen la gran oportunidad de orientar una línea de investigación en la materia y en todo lo relacionado con la agricultura ecológica

como única alternativa para evitar más perdidas a la biodiversidad y de obtener cultivos sanos, sostenibles, libres de agroquímicos.

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