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Elecciones sin liderazgos

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Antropos

Estamos frente a un  proceso electoral a celebrarse  el 16 de junio de  2019, sin líderes que entusiasman. No despiertan emoción, ni  pasión. No logran encender a las masas con alguna idea que encienda las hogueras de la política. No vemos ninguna ilusión que levante los gritos de que las cosas en el futuro puedan ser diferentes al elegir a un nuevo presidente y una larga lista de diputados y alcaldes municipales. Son discursos sosos, aburridos, acartonados, más de lo mismo. No hay originalidad, ni siquiera sonríen con franqueza. Sus rostros son opacos, grises y oscuros. No abrazan con afecto a sus disminuidos seguidores que cada vez son más escasos.

Me temo que bajo estas condiciones, los electores no sólo tienen escaso entusiasmo, sino las opciones que hasta ahora se divulgan, seguramente no serán premiadas con el voto popular. Se escucha de los “autodenominados” candidatos expresiones tan generales y propuestas tan generales, que no sólo da vergüenza de su escasa preparación, sino que conocen muy poco lo que sucede en la vida nacional e internacional. Son sólo generalidades. Mínima originalidad. Se nota que no tienen conocimiento de temas concretos a resolver, ni un lenguaje que denote una visión conceptual acerca de la sociedad guatemalteca, ni mucho menos de la complejidad del mundo actual.

Seguramente habrá un nuevo presidente, pero la forma como se elegirá, está aún por verse. Así como están las cosas, lo que realmente parece ser, es la presencia de la incertidumbre. Varias hipótesis se pueden lanzar al aire, porque después de tantos años, de llenar el cántaro de la política, este se quebró, lo cual ha generado decepción y frustración. La anomia o sea, el desinterés profundo ya se apoderó de las conciencias ciudadanas y es una tarea demasiado difícil superar este enorme daño que los políticos por su ineficiencia y corrupción galopante, le han causado a la política y a la población.

La corrupción, que no es nada nuevo en la vida nacional, ni mucho menos en la historia de la humanidad, ha hecho estragos, no sólo porque de manera descarada se roban los dineros públicos que bien podrían servir para mejorar la vida de los guatemaltecos, sino que ha generado actitudes vergonzantes de oportunistas que buscan el poder por el poder, para enriquecerse de manera fácil. Lo más grave, resulta ser que ha surgido la desconfianza respecto a la política porque el político es sinónimo de corrupto. Ser político según la percepción de los ciudadanos, es una mala palabra dado que se traduce como aquel sujeto que es tramposo, manipulador, mentiroso, traicionero y engañador.

Asimismo, el fenómeno de la corrupción y la denuncia acerca de los corruptos, genera también el escamoteo de los verdaderos problemas de la sociedad. La pobreza, la desigualdad social, el deterioro ambiental, desnutrición infantil, escasa calidad y cobertura educativa, servicios de salubridad deteriorados, violencia y criminalidad en alto grado de peligrosidad, drogadicción, desempleo, migración, racismo, machismo y pocas posibilidades de un futuro promisorio de los jóvenes, acompañado de la baja moral ciudadana, carcome los cimientos de nuestro país, y éstos, ya no son considerados temas centrales, porque la denuncia en torno a la corrupción al sobredimensionarla, hizo que estos problemas se olvidaran en la agenda nacional.

En este sentido, el vacío de poder, de liderazgo, de ideas, conocimientos, formación ciudadana, pasión e ilusión, induce que bajo estas circunstancias históricas, difícilmente los electores asistirán a las urnas a elegir a las nuevas autoridades gubernamentales. La crisis política que experimenta el país, el cual es resultado de múltiples y complejas causas, nos ha conducido a una casi total ingobernabilidad, parálisis y anarquía social sin lograr ver hasta hoy, alguna pequeña luz que marque el rumbo de esta sociedad confrontada y llena de grandes y profundas grietas. Es un hecho histórico que de las décadas de autoritarismo que hemos sufridos los guatemaltecos, pasamos como por arte de magia, de la aparente democracia, al anarquismo, que es lo que hoy prevalece en todo el territorio nacional.

Es probable que dadas las circunstancias de desencanto ciudadano, en estas próximas elecciones de 2019, seamos testigos de un hecho histórico, en el que podría producirse, un  altísimo abstencionismo electoral y que al final, triunfe entre los escasos electores que van a asistir a las urnas, el voto nulo como expresión de protesta y desgano de una ciudadanía que está harta de discursos vacíos y de falsedades morales.

Toda sociedad en algún momento entra en crisis profunda y esto es lo que ha acontecido a lo largo de la historia de la humanidad. Nosotros no somos la excepción, porque al registrar los momentos del devenir político del país, encontramos hechos que verifican que esto se ha dado y ha servido para dar algunos saltos cualitativos. Hoy de nuevo el modelo se ha quebrado y se agotó, con el agravante que la imaginación creadora no está al servicio de la política, dado que ésta es símbolo de falsedad y corrupción. Dejó de ser la mediación entre la sociedad y el Estado, porque siendo la política una cuestión tan seria, los ciudadanos descuidadamente se la dejamos a los políticos profesionales. Eso sí, necesitamos una sacudida que nos haga volver al mundo de la racionalidad y afectividad humana si es que queremos salvarnos como nación.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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