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¿Sabe la clave de tu Celular tu pareja?

Emunah

Esta pregunta se hizo hace poco en el grupo de WhatsApp de ex-compañeros del colegio. Las opiniones fueron variadas, algunos dijeron que la clave era de dominio familiar, otros que sus respectivas parejas no tenían por que tener su clave ya que era parte de su privacidad, y por último aquellos que expresaron que para evitar problemas su celular no tenía clave.

No hay duda que el celular es un avance tecnológico que permite comunicarnos con muchas personas en general; asimismo nos concede el privilegio de estar cerca de nuestros seres queridos, amigos y familia sin importar la distancia. Sin embargo también se ha convertido en la antesala de conflictos entre parejas y familias enteras, ya que su uso desmesurado crea interrupción en la diaria comunicación y contribuye al aislamiento de los miembros de la familia o de la pareja.

Muchas familias, así como parejas, han tenido que establecer reglas para el uso del celular en los momentos familiares, como el sentarse a la mesa a comer, disfrutar de una película, o muchas otras actividades. Por increíble que parezca, el aparato móvil, es uno de los principales motivos de separaciones de pareja; ya que no sólo interfiere en la convivencia, sino que también se ha vuelto el cómplice y confidente de relaciones extraoficiales.

Por esta última razón es que muchas persona quieren tener una relación en donde no se oculten las contraseñas de sus dispositivos móviles. ¿Con qué fin? Con el objetivo de revisar el teléfono celular de la pareja sin restricciones, ya que a nivel cultural, los latinos justificamos esta conducta como prueba de confianza y fidelidad. Sin embargo, la mayoría espían el celular a espaldas del otro porque en el fondo saben que es una falta de respeto e invasión de privacidad.

Ser desconfiado, es un mecanismo de defensa. Somos escépticos a algo que nos dicen, incluso ante aquello que hemos visto. Desconfiamos de nosotros mismos en múltiples aspectos, incluso en nuestras capacidades; pero sin lugar a duda, en lo que menos confiamos es en otro ser humano. Las propias inseguridades nos llevan a desconfiar de la pareja, y de las demás personas, inclusive sin ninguna razón aparente.

Sumado a todo esto, en más de alguna ocasión, nos han traicionado, y decepcionado. Y aunque resulta doloroso, y nos llena de mayor desconfianza; lo cierto es que la solución no radica en aislarse por completo de la gente para evitar el riesgo de sufrir decepciones. Tampoco implica el convertirnos en un radar que escanea todo, siempre buscando señales de infidelidad. Las personas infieles, a pesar de todas las restricciones, y de todos los métodos de control, sucumbirán a su naturaleza.

La desconfianza en nuestra pareja nos roba la paz, nuestra calidad de vida y nuestra propia felicidad. Si no aprendemos a confiar en nuestra pareja, nos llenaremos de temor e inseguridades. Para gozar de una relación sana, se necesita confianza mutua. Cuando hay confianza no va a importar si el celular tiene clave o no. Incluso la billetera, bolsa y otras cosas personales que forman parte de nuestra privacidad se pueden dejar expuestas, sabiendo que nadie las tocará.

Eso es lo bonito de una relación, sea con padres, hijos, cónyuges y amigos. Que aunque convivan en el mismo espacio hay respeto, confianza y amor. No hay desconfianza, no hay dudas, no hay sospechas. Nadie te revisará tu bolso o tu billetera, nadie te seguirá a escondidas, te revisara el carro, te olerá la ropa o te espiará tus equipos móviles. La desconfianza a nivel razonable es sana, pero cuando se extralimita puede deformar la realidad y destruir las relaciones con nuestra pareja y con los demás.

Sería maravilloso vivir en un mundo donde todas las personas fueran confiables, pero nuestro mundo no es ideal; y a veces las personas nos defraudarán. Aunque debemos elegir con cuidado a las personas en las que confiamos, también debemos ser conscientes que la confianza es vital para nuestra supervivencia; a diario, nos enfrentamos a situaciones en las que es necesario tener confianza en nosotros mismos y en los demás.

Jesucristo, en la noche de su arresto, sufrió una gran decepción con sus apóstoles: Judas Iscariote lo traicionó, los demás huyeron asustados, y Pedro incluso negó conocerlo. Aquella traición en un momento tan crucial no impidió que Jesús dejara de confiar en los seres humanos. De igual modo, si nos sentimos traicionados por alguien, no deberíamos perder la confianza en el genero humano.

La Biblia, en Proverbios 3:5-6 nos dice que el digno de toda confianza es Dios: “Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto.” Por supuesto, además de confiar en nuestro Creador, necesitamos confiar en los seres humanos, por lo que Dios, como un padre sabio y con experiencia, nos aconseja “No olvides mis enseñanzas… guarda en tu memoria mis mandamientos, y tendrás una vida larga y llena de felicidad.”

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