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Nace una nueva Centroamérica

Sueños…

En medio de la más absoluta indiferencia, el presidente de México, Andrés López Obrador anunció, junto con la CEPAL, un plan para el desarrollo integral de la nueva y real Centroamérica. El proyecto estará integrado por Honduras, El Salvador, México y Guatemala. Y es como ver nacer de nuevo la capitanía general del reino.

Con la hermosa diplomacia demagógica indispensable los presidentes de El Salvador, Guatemala, Honduras y México anunciaron a mediados de mayo, el mes de las flores y casi en el día de la madre, que se proponen construir una nueva relación que profundice sus lazos históricos, para lograr casi por encanto “el más alto nivel de desarrollo y bienestar posible, construyendo de este modo sociedades justas, igualitarias, prósperas y democráticas “.

Pero, en seguida, el documento oficial presentado por CEPAL aclara que los “cuatro países expresan su voluntad de profundizar la cooperación en materia de migración”. Es decir, el proyecto no busca construir nuevas sociedades basadas en la protección ambiental, la educación, la salud y el trabajo dignos, sino que responden a los intereses del gobierno yanquee, de ordenar la inmigración hacia el gigante del norte.

Pero no todo es tiempo perdido, el documento que da fe del nacimiento de la nueva centroamérica indica que “…en la subregión existe una cultura del privilegio altamente resistente al cambio y que se alimenta de múltiples mecanismos de evasión y elusión cuyo desmontaje es un imperativo impostergable. …la debilidad fiscal se traduce en niveles históricamente bajos y precarios de inversión pública tanto en infraestructura como en servicios sociales.”

Prácticamente se deja ver que son naciones que viven de la limosna internacional llamada remesas. Son países con “…fuertes y persistentes flujos de remesas”. Que generan una cultura de no inversión productiva ni social. En lo individual las personas que perciben las remesas no tienen motivación para estudiar ni trabajar. Y las autoridades viven acomodadas a no cumplir objetivos de eficiencia y productividad, viven de la ayuda internacional y las remesas, no se preocupan del crecimiento industrial y ni productivo de estos olvidados países.

Edgar Allan Poe, el espectacular narrador del terror, bien pudo nacer en cualquiera de estos países y decir: “De mi país y mi familia poco tengo que decir. Un trato injusto y el paso de los años me han alejado de uno y malquistado con la otra.” Porque esta nueva región nace en medio de los peores fracasos socio-económicos del mundo. Todos los gobiernos se preparan para celebrar los 200 años de su independencia, pero al ver los resultados alcanzados, en verdad que no hay nada que celebrar.

La despreocupación ambiental es evidente en esta región, en donde han desaparecido casi todas las especies de mamíferos originales, los bosques son talados en forma criminal por las oligarquías terratenientes, los recursos naturales son explotados intensivamente sin dejar ningún beneficio a la nación o sus habitantes. Esto provoca “…lluvias cada vez más intensas y sequías cada vez más prolongadas en una región con “graves problemas de inseguridad alimentaria en donde existen familias y productores que padecen hambre y desnutrición similares a los de aquellos en territorios que sufren la guerra.” Bueno la CEPAL no lo sabe, pero desde la conquista y colonización, está región está en guerra eterna por esclavizar a los habitantes originales y ahora lo que queda.

Pocos grupos de países en el mundo pueden exhibir tal nivel de atraso, miseria y desesperanza de la mayoría de sus habitantes. La CEPAL, con el nuevo líder regional López Obrador nos dicen “…la pobreza y la extrema pobreza siguen siendo muy altas, así como las desigualdades”. Así es en efecto, abundan las desigualdades en la Centroamérica del reino del retroceso. Las desigualdades de género, son aplastantes, el martirio de las mujeres no tiene parangón, violaciones, femicidios, discriminaciones son eventos de dolor diarios; la discriminación étnico-racial, es apabullante, pocos países del mundo muestran un rostro racista tan intensamente efectuado. Las matanzas indígenas han sido una marca país para algunos de estos países.

Hay varios resultados de este proceso. En primer lugar, pasó desapercibido. A nadie le interesa el futuro de los pueblos de la Centroamérica histórica, solamente a quienes quieren parar la migración hacia Estados Unidos. En segundo lugar, lo más importante: México es consciente, por primera vez, de que no es un país del norte de América, es solamente eso, un país centroamericano; esa consciencia pudiera ser el detonante de generar reformas de modernización del reino y la capitanía históricos, para convertirlos por fin en repúblicas democráticas capitalistas. En tercer lugar, sí este intento fracasa la región seguirá siendo rehén del militarismo, la religión y las oligarquías esqueléticas de siempre.

Por el momento, lo mejor del documento de la CEPAL es constatar la realidad que hay que cambiar en esta olvidada y triste región. Se necesita una revolución hacia la democracia, para que nuestro destino no sea eternamente, el subir y bajar de la nada. “El camino subía y bajaba: «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja».” Para que cada cien años no nos pregunten “-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo? -Comala, señor. -¿Está seguro de que ya es Comala? -Seguro, señor. -¿Y por qué se ve esto tan triste? -Son los tiempos, señor.” (Juan Rulfo).

Según CEPAL, lo que define a estos cuatro países son “…los altos grados de inseguridad y violencia, medidos por la tasa de homicidios y feminicidios, constituyen un factor clave de ruptura y descomposición del tejido social y uno de los mayores obstáculos a una política de desarrollo, de consolidación de la democracia y de construcción de una cultura de paz.” Tal vez a esta región tenemos que rebautizarla, tiene que llamarse Comala.

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