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Civilización y pena de muerte

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Uno de los argumentos de quienes pugnan por abolir la pena de muerte es que tal pena es propia de Estados incivilizados y no propia de Estados civilizados. Empero, los Estados civilizados han aplicado esa pena. La han aplicado con razón o sin razón; pero la han aplicado. No es mi propósito, ahora, opinar que la pena de muerte es o no es disuasiva; o que es o no es la más idónea para castigar los peores delitos, como el asesinato o el secuestro. Es mi propósito opinar que no hay relación ni correlación entre civilización y pena de muerte; y pretendo demostrar la validez de mi opinión.

Una de las más célebres aplicaciones de la pena de muerte ocurrió en uno de los Estados más civilizados que ha habido en la historia de la humanidad. Aludo a Atenas, en la antigua Grecia, cuyos jueces sentenciaron a muerte, en el año 399 antes de la Era Cristiana, al filósofo Sócrates, quien fue acusado de corromper a la juventud y negar la existencia de los dioses. El sapientísimo Sócrates, aunque pudo haber escapado de la prisión, auxiliado por amigos, acató la sentencia de muerte y bebió la mortífera cicuta. Fue una cumplida sentencia precisamente en aquel Estado que fue sede asombrosa de la persuasiva oratoria de Demóstenes, la perfecta escultura de Fidias, la influyente filosofía de Platón y la innovadora dramaturgia de Sófocles. Sería absurdo afirmar que Atenas era un Estado incivilizado.

Francia, durante la época de la revolución, entre los años 1789 y 1799, era uno de los Estados más civilizados de Europa, y también uno de los que más implacablemente aplicaba la pena de muerte. Precisamente en ese Estado el médico José Ignacio Guillotin, miembro de la asamblea revolucionaria, aplicó su conocimiento de la anatomía humana para perfeccionar, con plácido celo tecnológico, una máquina llamada posteriormente guillotina, diseñada para aplicar la pena de muerte mediante una decorosa y eficiente decapitación. En el glorioso Estado del filósofo Pascal, del matemático Fermat, del escritor Voltaire, del químico Lavoisier y del astrónomo Laplace, la guillotina estuvo laboriosamente ocupada y a la vez complacida por el continuo rodar de impávidas cabezas. Sería absurdo afirmar que Francia era un Estado incivilizado.

En la época de la Santa Inquisición (instituida en el año 1231 por el Papa Gregorio Noveno), algunos Estados europeos, principalmente Alemania, España, Francia e Italia, compitieron con fogoso ardor por aplicar la pena de muerte a quienes eran acusados de herejes, brujos, hechiceros o alquimistas. Esos Estados, por supuesto, eran civilizados; y en ellos prosperaba la ciencia y la filosofía. Por ejemplo, el alemán Juan Kepler enunciaba las leyes de los movimientos planetarios. El español Miguel Servet formulaba la hipótesis del fluir pulmonar de la sangre. El francés René Descartes inauguraba una nueva era de la filosofía; y el italiano Galileo Galilei fundaba la moderna ciencia de la mecánica. Sería absurdo afirmar que, durante la época de la Santa Inquisición, aquellos Estados eran incivilizados.

Hasta agosto del año 2018, treinta de los cincuenta Estados de los Estados Unidos de América aplicaban la pena de muerte. ¿Esos treinta Estados eran incivilizados, y los otros eran civilizados? Los Estados que abolieron la pena de muerte, ¿se habrían civilizado súbitamente? Y aquellos que volvieran a aplicarla, ¿se incivilizarían nuevamente? Y los Estados europeos que abolieron la pena de muerte porque abolirla era requisito necesario para pertenecer a la Unión Europea, ¿se civilizaron súbitamente?

El antiguo pueblo hebreo aplicaba la pena de muerte. Precisamente Levítico, uno de los libros del Antiguo Testamento, contemplaba aplicarla en varios casos. ¿Era incivilizado el pueblo hebreo? Se argumentará que uno de los mandamientos bíblicos es “no matarás”. Es un argumento no válido. El mandamiento es “no asesinarás”. Es una afirmación del rabino José Telushkin. Por supuesto, hay diferencia entre matar y asesinar. Por ejemplo, quien, en un acto de legítima defensa de su vida, mata a quien intenta matarlo, no asesina; pero quien intencionalmente e ilegalmente mata a un ser humano no solo mata sino que asesina. He dicho “ilegalmente” porque quien fusila a quien ha sido sentenciado a pena de muerte, mata intencionalmente, pero legalmente. No es un asesino. El asesinato es un caso particular de homicidio.

Post scriptum. Una investigación emprendida por el Centro de Investigación Pew, con sede en Washington, muestra que, en Estados Unidos de América, quienes aprueban la pena de muerte han aumentado de 49% a 54. ¿Aumentó la incivilización de los ciudadanos? Los Estados que habían interrumpido durante nueve y hasta veinte años la aplicación de esa pena, volvieron a aplicarla en el año 2018. Aludo a Tennessee, Nevada y Nebraska. ¿Se civilizaron temporalmente, y luego volvieron a incivilizarse?

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