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¿Tiene sentido votar?

Divi Filius

La pregunta sin duda es importante.   Muy importante.

Es muy posible que en algunos contextos sociales el acto de votar se vea como un proceso mecánico, obsoleto,  aburrido e incluso hasta tedioso.   Y esta realidad es muy propia de entornos donde la democracia se puede percibir como ´vieja´.   Incluso, ha sucedido que en estas cartografías electorales las tasas de abstencionismo pueden rebasar el 30 o 40% del padrón universal de votantes.   La condición, no deja de ser grave, el cuestionamiento a los instrumentos democráticos cuando una ciudadanía voluntariamente decide no utilizarlos.

¿Cómo debe interpretarse esta realidad cuando nos referimos a democracias incipientes – aunque rebasen las tres décadas-?   Podría pensarse que la experiencia de la transición democrática podría estar aún bastante vigente pero la verdad es que,  en democracias que sobrepasan las tres décadas de vigencia ( como la mayoría de las latinoamericanas)  la experiencia dificultosa de transitar a la democracia no está más en el la mente colectiva de la ciudadanía.  La democracia no solamente se da por aceptada,  sino que incluso daría lo mismo que estuviera o no presente.   Y eso es muy lamentable, por no decir,  grave.   La fotografía completa es mucho más aterradora si combinamos los datos que muestra la encuesta de Latinobarómetro en los cuales se hace patente que para buena parte de los jóvenes latinoamericanos retornar a esquemas autoritarios se plantea ya como una opción viable si los mismos arrojan resultados en materia de gestión gubernamental.

¿Tiene sentido votar cuando el contexto es una partidocracia de alta fragmentación,  con un enorme número de partidos políticos nuevos (reciclados) y con una oferta de candidatos a las magistraturas que carecen de experiencia en administración pública?   La pregunta no deja de ser válida, y la respuesta es muy complicada.  Muy complicada.   Si bien es cierto que cada ciudadanía tiene la calidad democrática que merece en términos de su madurez política e interés en los asuntos públicos,   desentenderse completamente de los asuntos ciudadanos tiene un enorme costo. 

Primero que todo, los derechos políticos que no son ejecutados se terminan haciendo ´foráneos´,  y sin son ejecutados sin responsabilidad los mismos termina perdiendo el sentido para el cual fueron diseñados.  Votar puede parecer al final una acto del cual puede prescindirse con facilidad pero resulta más grave cuando los instrumentos democráticos se utilizan sin madurez,  sin la seriedad,  sin el necesario debate informado y el alejamiento de las posiciones irracionales.     Votar no debe ser un acto instinto, emotivo y condicionado a prejuicios sino una decisión que refleje un proceso de cuestionamiento interno del votante con respecto a las ofertas electorales.    Es importante entender que la democracia no siempre estuvo entre nosotros y tuvo un precio expresado en sangre de mártires.  

¿Tiene sentido votar?  Si, mucho.   La democracia de partidos políticos no es un sistema perfecto pero al momento muestra ser la mejor opción existente para canalizar las apetencias ciudadanas así cómo el mejor instrumento para evitar la instauración de caudillos.

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