Home > Cultura > La Madona Sixtina

Editado Para La Historia

Cuando después de conocer por fotografías y reproducciones una obra admirada desde la más temprana juventud y al cabo de los años se presenta la ocasión de presentarse ante ella y contemplarla y admirarla en persona, en todo su esplendor, a tamaño natural y con los colores dados por el artista, es una revelación y un gran júbilo para el corazón. He tenido la oportunidad de conocer la mayoría de los grandes museos del mundo y la mayoría de las grandes obras de la pintura… pero algo me faltaba y finalmente se me dio… pude conocer, ya en el otoño de mi vida, a quien tanto admiré desde mi temprana juventud: la Madonna Sixtina, obra del pintor italiano Rafael.

La Madona Sixtina fue pintada entre los años 1513 y 1514 y fue una de las últimas obras pintadas por el artista. El cuadro no es pequeño, mide más de 2 metros y medio de alto por casi 2 metros de ancho y es un óleo sobre lienzo. Se encuentra desde el año 1754 en la que Gëmaldegalerie Alten Meister en la sajona ciudad de Dresden, Alemania. Muchos consideran que es la obra maestra más importante que alberga este famoso museo.

Fue el papa Julio II quién solicitó a Rafael Sanzio esta obra con el objetivo de decorar su tumba. Rafael es uno de los grandes exponentes del renacimiento italiano, ese momento que devolvió con el arte la humanidad y su razón de ser al hombre, otorgándole al ser humano la posición que desde entonces ocupa en el Universo. Junto con Leonado da Vinci y Miguel Ángel es considerado uno de los tres más grandes artistas italianos de su época.

El cuadro representa a la Santa Virgen sosteniendo con sus dos brazos a su Hijo, a su derecha San Sixto y a su izquierda Santa Bárbara detrás de la cual se esboza apenas el castillo que la representa. La composición del cuadro es extremadamente sencilla, como sencilla es su decoración. Unas cortinas verdes se abren para dejar al descubierto la hermosa Virgen con su traje rojo y azul y un velo amarillo, como azotado por el viento, dando la idea de que la Virgen baja con su Hijo para acercarse a nosotros. Los personajes flotan sobre nubes que les sirven de base y, en el marco inferior de la obra, como si de una repisa o ventana se tratara, encontramos la tiara papal de San Sixto y dos hermosos angelitos que, de hecho, son los personajes más conocidos de este magnífico cuadro, reproducidos hasta la saciedad. Estos angelitos, como que recostados y con unas caras de encanto, observan disciplinadamente la escena de la Virgen con su Hijo. San Sixto contempla a la Virgen y con su mano derecha le muestra al público como pidiéndole que lo bendiga. Santa Bárbara, también dirigiendo su rostro al público, presenta un aire de meditación y recogimiento. La expresión de la Virgen navega entre lo espiritual y lo terrenal y nos dirige una mirada directa, como queriendo protegernos y abrazarnos con ella. Otra vez los angelitos, con sus hermosas alas, como niños obedientes que esperan algo.

El cuadro de la Madona Sixtina estuvo en el convento de San Sixto en la ciudad italiana de Piacenza hasta que los monjes lo vendieron en 1754 al príncipe Augusto III de Sajonia, quién lo compró por la elevada suma de 25,000 escudos romanos. Desde esta fecha ha tenido su espacio en la Gëmaldegalerie. Dresden era la capital del Reino de Sajonia, que se incorporó al Segundo Impero alemán en 1871. Leipzig era la capital comercial de este reino.

Pero algunos hombres, con sus odios y ambiciones, rompen los proyectos más nobles de los hombres de buena fe. Ello llevó a Alemania a ser la promotora de la Segunda Guerra Mundial y, ante la inminencia de los bombardeos, como en todos los otros museos de los países beligerantes, rápidamente escondieron sus obras de arte, como riqueza no solo material sino espiritual de sus pueblos. Para poner a buen recaudo de las bombas las obras de la Gëmaldegalerie fueron empacadas y llevadas a cuevas donde más tarde fueron encontrados por las tropas soviéticas y, como el resto de las obras de arte por ellos encontradas, fueron enviadas en transportes especiales a Moscú como tributo de guerra.

Las obras de la Gëmaldegalerie, como todas las demás, desembarcaron en el Museo Pushkin donde fueron repertoriadas y conservadas, pero no mostradas al público. En 1955, después de la muerte de Stalin, el nuevo gobierno de la Unión Soviética consideró oportuno devolver la integridad de las obras a sus museos originales y, como muestra de solidaridad entre los pueblos soviético y de Alemania Democrática, el cuadro que nos ocupa hoy fue devuelto a la nueva RDA junto a muchas otras obras expoliadas por los soviéticos. No pensemos que todas las obras fueron devueltas como en un rapto de generosidad, las joyas de Helena de Troya hasta el día de hoy permanecen en la Cámara de los Tesoros del Ermitage de San Petersburgo y, en el lugar en que deberían estar en el Alte Nationalgalerie de Berlín, hay un cartel que explica a los visitantes que ése es el lugar que le corresponde a las Joyas de Helena de Troya, ilegalmente retenidas en el Ermitage, que se encuentran en un litigio internacional que no solo implica a Alemania y Rusia, sino a otros países y que veo difícil se resuelva algún día.

La hermosa Madona Sixtina de Rafael con su Hijo en brazos, San Sixto y Santa Bárbara a sus lados y los dos hermosos angelitos a sus pies son la delicia de los visitantes de este museo y de esta hermosa ciudad de Dresde.

Lea más del autor: http://elsiglo.com.gt/2019/06/24/nefertiti-reina-de-egipto/