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Propósitos de la conmemoración del día de Nelson Mándela

Poptun

Nelson Mandela, manifestaba que “Suele decirse que nadie conoce realmente cómo es una nación hasta haber estado en una de sus cárceles.  Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada.”

El difunto Presidente de Sudáfrica, previo a gobernar y ponerle fin al régimen racista que regía en ese país, pasó 27 años en prisión como consecuencia de liderar movimientos de lucha contra la opresión y segregación por motivos de raza que se imponían en esa época.

En el año 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 18 de julio, Día Internacional de Nelson Mandela, con el propósito que el mundo celebre la contribución a la libertad y el compromiso de reconciliación que Nelson Mandela demostró en Sudáfrica para ponerle fin a la guerra racial y forjar la igualdad y la equidad.  Fue elegida esa fecha por ser el día de nacimiento de Nelson Mandela.

La Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la resolución A/RES/70/175 decidió ampliar el alcance del Día Internacional de Nelson Mandela, para que la conmemoración además fuera dirigida a promover la aplicación de condiciones de encarcelamiento dignas al ser humano, así como para sensibilizar acerca del hecho de que los reclusos son parte integrante de la sociedad, además para que se valore la labor del personal penitenciario como servicio social de particular importancia.

Y es que a partir del año 2015, las  Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos queconstituyen los estándares mínimos universalmente reconocidos para la gestión de los centros penitenciarios y el tratamiento de las personas privadas de libertad, y han tenido un inmenso valor e influencia en el desarrollo de leyes, políticas y prácticas penitenciarias en los Estados Miembros en todo el mundo”, adoptaron además el nombre de Reglas Nelson Mandela.

El largo período de prisión que padeció Mandela ha permitido visibilizar el trato injusto e inhumano que reciben los reclusos dentro de prisión. 

La pena de prisión, contrario a los fines que se le asignan en la Constitución y Tratados Internaciones sobre Derechos Humanos, que refieren que debe ser un espacio donde se deben reducir al mínimo las diferencias entre la vida en prisión y en libertad, porque debe ser tiempo útil para readaptar, rehabilitar, resocializar a la persona privada de libertad para prepararlo para su puesta en libertad; en la actualidad únicamente se  usa para infligir dolor.

A pesar de los atropellos que suceden dentro de las cárceles en contra de los reclusos, la prisión es la pena más usada alrededor del mundo. A la sociedad le agrada saber que contra las personas privadas de libertad se cometen actos arbitrarios y apoyan la idea que deben ser tratados como animales, sin analizar que tarde o temprano esas personas regresarán a las calles.  

Muchos políticos para captar votos, hacen creer a la población que la pena privativa de libertad es la respuesta para resolver los problemas de violencia y criminalidad. Los políticos en lugar de ofrecer políticas sociales para disminuir los niveles de desigualdad e inequidad social, les resulta más fácil ofrecer mano dura contra el delincuente y por eso sus promesas de campaña se encaminan a endurecer las penas privativas de prisión, crear nuevos delitos para combatir el crimen, restringir aún más derechos de los detenidos.

Rara vez formulan planes que en la práctica resuelvan el problema de raíz que tiendan a desaparecer las causas que son el caldo de cultivo que originan el fenómeno criminal.

La cárcel real de Guatemala solo pone al descubierto una realidad mísera, insaciable y depredadora del ser humano que, ante el mundo nos hace ver como una sociedad sádica que disfruta del dolor ajeno, que aplaude al verdugo, al cual motiva para humillar, matar y destrozar, y a la que el sufrimiento infligido a otro ser humano no le genera ningún sentimiento de humanidad, ni le asusta ni genera incomodidad.

Derivado de la reciente conmemoración del Día Internacional de este personaje de talla mundial, es oportuno que como sociedad reflexionemos sobre qué tipo de sociedad somos y cómo queremos ser juzgados en el mundo. Si estimamos que en nuestra sociedad nos rige el amor, exigiremos a las autoridades competentes que se apliquen condiciones dignas a los reclusos.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha condenado la realidad carcelaria de nuestro país, y ha ordenado reformarla.  No obstante, el Estado de Guatemala se rehúsa a dar fiel cumplimiento a esa orden. Preocupa que en el presente evento electoral, ambos candidatos presidenciales, en lugar de ofrecer mejores condiciones de trato para la población reclusa, prometen restringir aún más los derechos. Estos ofrecimientos sólo eternizan la brutal realidad carcelaria, y en el futuro las convierten en generadoras de nuevas responsabilidades internacionales para nuestro país.

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