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Víctor Corcoba Herrero

Realidades que nos entusiasman

Lo cierto es que nadie puede realizar el camino por otro, tampoco podemos abandonarnos en mil vueltas y revueltas, sino en reencontrarnos cada cual consigo mismo, para estar abierto hacia los que van a nuestro lado, por si nos piden auxilio, deseosos de salir del laberinto de la necedad. No quememos los años dando rotaciones inútiles, muchas veces es cuestión de pararse y ponernos a escuchar el corazón, y él nos despertará hacia la orientación debida; la de hacer familia, siendo familia.

Uno ha de crecer cooperando

Cooperar humanamente es activar el crecimiento de hermanarse, de poder embellecerse con el florecimiento de tantas moralidades olvidadas, y que necesitamos rescatarlas, al menos para poder sentir la virtud de la fortaleza, o de ese coraje cívico, que nos insta a afrontar los peligros y a soportar las adversidades por una causa justa, que es lo que verdaderamente puede reconciliar unas culturas con otras, inmersas actualmente en un aluvión de conflictos armados que originan un enorme sufrimiento. A pesar de estos calvarios, sabed que todos se curan con afecto.

Sueños posibles

Pensemos que el sueño de la paz será posible en la medida que cada cual ponga su semilla armónica entre los suyos más inmediatos y contribuya a expandirse. Al fin y al cabo, las riquezas no te aseguran nada, en cambio el corazón se siente sazonado por lo armónico, y por ende satisfecho, en la medida en que hagamos el bien soñando; o como diría el inolvidable poeta español, Antonio Machado (1875-1939): “si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”.

Ejercicios que nos dulcifican

Esto que hoy parece impensable, con otro ánimo más en donación que en el momento presente, será fácil conseguirlo. Si nada material nos llevamos con el morir, pasemos por la vida dando vida, cada cual con lo que pueda y tenga. La humanidad en su conjunto, familia unida e indivisible, hoy globalizada como en ningún otro tiempo, necesita aprender a quererse y a no resignarse ante nada.

La fuerza de lo amable y el coraje del aguante

En la otra orilla existencial, también observo gentes depravadas, envilecidas como jamás, tan insaciables como insociables, que me entristecen a más no poder. Son esos gentíos de intransigentes que todo lo aíslan y envenenan. Solo hay que adentrarse en las redes sociales para ver las riadas de insultos o de hablar mal del semejante. Realmente somos una generación de charlatanes asesinos. Las habladurías, las calumnias, la difamación, es otra manera de matar que está ahí, y que tiene su raíz en el odio. Por eso, es substancial eliminar rencores.

No es bueno darse por vencido

Ciertamente, hemos de ayudarnos unos a otros a mirar hacia delante, máxime en un momento en el que peligran tantas cosas buenas a nivel mundial. En ocasiones, creo que nos falta empuje, sensibilización y coraje, contra esa cultura destructiva.

Marcados por el sufrimiento

Cada día son más las personas marcadas por el sufrimiento, por la inhumanidad de todos nosotros. Se me ocurre pensar en esas criaturas menores, víctimas de la guerra, de contiendas inútiles y absurdas, de todo tipo de formas de violencia, incluso dentro de sus distintivos hogares.