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Carta a magistrados del TSE

He afirmado que Sandra Torres es un peligro, es decir, una probabilidad de daño; pero nunca he afirmado que esa probabilidad es necesidad. Resistamos a esos predicadores que creen que esa probabilidad es necesidad. Podemos derrotar a Sandra Torres; pero, reitero, no con abstención de voto, ni con anulación de voto.

Hoy vs 1982

Con honrosas excepciones (*) los candidatos de hoy han sido incapaces de agruparse para denunciar el fraude cometido. En vez de hacerlo, siguen profiriendo mutuos oprobios y falsas “noticias”. La defensa del principio que establece que la soberanía radica en el pueblo ha quedado en manos de honorables ciudadanos que hoy lideran a la población para que muestre su indignación y se manifieste dispuesta a pelear por el más legítimo de sus derechos civiles.

Una declaración del TSE

Los magistrados del Tribunal Supremo Electoral han enriquecido la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones del Estado. Y si finalmente esos magistrados no son sometidos a procedimiento penal, la culpa no castigada debería ser su prisión, y la vergüenza moral debería ser su destino.

Los Magistrados del TSE en la picota

Esta coyuntura por la que están pasando los magistrados del TSE, es sin lugar a dudas producto de su propia incapacidad y lo tienen más que merecido, estos fallos simplemente no debieron haber pasado, y aunque hoy tengan el respaldo de organismos locales e internacionales así como de la comunidad internacional integrada por embajadores muy reconocidos en nuestro país, considero recomendable que se aparten de la conducción de la segunda vuelta electoral y den paso a que los suplentes puedan llevar a cabo esa labor, porque dada la cantidad de fallas y errores cometidos en este proceso muchas personas no confiamos en sus capacidades, es necesario respetar y hacer valer la voluntad del pueblo de Guatemala en las elecciones,

Del fraude electoral

Y aquí estamos hoy, en nuestra Guatemala, como volviendo al pasado con un proceso electoral profundamente cuestionado. Con los miembros del TSE buscando, desesperadamente, salir del atolladero donde su ineptitud e incapacidad los ha llevado. Porque nadie los puso en el terrible entredicho donde se encuentran. Lo hicieron ellos mismos, solitos.

Crónica de un fraude electoral

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los guatemaltecos no entendemos el motivo por cual ni la Fiscal General de la República María Consuelo Porras, ni el Procurador General de la Nación Jorge Luis Donado Vivar, no han realizado tan solo una gestión encaminada a investigar las denuncias de fraude electoral realizadas, pues, bastaría tan solo con que el Ministerio Público secuestrara el equipo de cómputo y la documentación electoral pertinente, para luego practicarles una auditoría forense con miras a establecer la veracidad de los hechos denunciados, y la posterior presentación del antejuicio en contra de los pícaros que por desgracia ostentan el cargo de Magistrados del Tribunal Supremo Electoral.

Confianza Institucional

La instancia electoral suprema adolece de una crisis de credibilidad pero (y esta es la clave) el daño ya está hecho pues independientemente del resultado que arroje el recuento de actas, el ganador del ballotage tendrá sobre sus espaldas el cuestionamiento con respecto a la legitimidad del proceso electoral. Lo anterior puede definitivamente y sin duda alguna abrir una crisis de gobernabilidad a futuro para el siguiente titular del Ejecutivo.

Incertidumbre parte II

Los ciudadanos nunca habíamos observado un evento electoral manejado de una manera tan poco profesional por el Tribunal Supremo Electoral, y en donde sin lugar a dudas los juzgados y las cortes del país han jugado un papel irresponsable al no resolver en los tiempos establecidos en la ley, aun sabiendo la incertidumbre y desconfianza que generaba no resolver en tiempo, y de igual forma algunos candidatos inescrupulosos mal utilizando el recurso de amparo pretendían obviar requisitos esenciales para poder participar políticamente, esto lo único que demuestra es la apetencia por llegar a una posición de poder sin importar los medios, aunque estos fueran medios jurídicos inviables y trasgrediendo de igual manera la Constitución Política.