Home > Cultura > El hombre del rostro cubierto

El hombre del rostro cubierto

Esperemos que despierte pronto, comisario. ¿Olegario? Ese no lo tenemos registrado para nada ¿verdad?

—Enio, no se distraiga, concéntrese. Miren, ya está moviendo los párpados, quizá se vuelve a despertar y que nos cante todo deunavez por todas.

Ante un silencio de los tres policías y el excesivo ruido que salía de los aparatos hospitalarios a los que estaba conectada la mujer, todo pareció estancarse. Como si alguien hubiera pulsado el Pause del control remoto. El comisario Pérez Chanán congeló sus pensamientos en la escena del crimen, indagando qué pasó por alto; cuestionándose si hubo algo que no tomó en cuenta. Pudo haber sido un pequeño detalle que pasó desapercibido y que era clave para entenderlo. Porque el comisario sabía perfectamente que la escena del crimen habla por sí misma. Todo lo que hay en ese lugar es una serie de signos y lenguajes que ofrecen soluciones; en la escena del crimen se conoce el lenguaje del asesino, su modus operandi y lo que trata de avisar, cuándo lo hace. Por eso su mente repasaba a gran velocidad todo ello. También sus recuerdos revisaron la cinta que obtuvo en el supermercado. Algo había allí que lo hizo también poner una pausa a sus pensamientos.

Fabio, por su parte, esperaba ansioso el momento en que ella volviera a despertar y comenzara a hablar del tal Olegario, para, seguramente, recibir instrucciones del comisario y salir a su captura lo más pronto posible. La escena que congelaba era una ocurrida en el salón de banquetes del Palacio de la Policía, en el momento en el que los tres ofrecían el informe final de las capturas y, por lo tanto, el esclarecimiento del caso.

Enio observaba a la chica y pensaba en que él nunca se había casado. Por un lado quería recordar la boda religiosa de los Figueroa y todo lo que había acontecido. También pensaba en que si ella se hubiera casado con Diego Byron, quizá le hubiera ocurrido lo mismo; peor aún, si hubieran tenido un hijo al que bautizaran con el nombre de un futbolista, como Hristo, Paolo o Davor, por supuesto, de los mejores jugadores de la Eurocopa 96. Quizá ese pequeño podría haber corrido la misma suerte que Diego Byron, la misma relación padre-hijo, los mismos encuentros y desencuentros. Sin embargo, padre e hijo estaban muertos. Esta mujer no tendría posibilidades, a menos, que, por supuesto, ya estuviera embarazada.

El cuerpo de la joven mujer comenzó a moverse. Sus piernas pataleaban, como si avanzaran en una imaginaria piscina; sus brazos también se meneaban al compás de sus extremidades inferiores, pero sus manos las apretaba con mucha fuerza, formando puños débiles.

Fabio atendió la mirada del comisario, giró sobre sus talones y salió a la búsqueda de la enfermera, pero cuando iba a abrir la puerta, Fabio lo detuvo con el brazo, que funcionó como palanca.

—No se vaya Fabio, parece que la chava se va a despertar. Ya dejó de moverse como marioneta loca —lo conminó Enio, tras ello se acercó a la cama de la mujer.

El comisario observó cuando parpadeó varias veces seguida y abrió los ojos.

—Regáleme agua por favor, señor oficial.

Wenceslao la sirvió de uno de los envases de plástico a un vaso de vidrio. Luego levantó la cabeza de la muchacha con una mano y con la otra le acercó el líquido. Cuando ella terminó de tragar, el comisario la vio y asintió a la vez.

—¿Entonces están muertos todos, todos?

—¿Quién es Olegario, cuéntenos por favor?

—Diego Byron se propuso asesinar a sus padres, abuelo y hermanos. Pero, como no lo podía llevar a cabo solo, convenció a Olegario, que en realidad es un sanguinario. A mí me amenazó con matarme. Mi estado físico y emocional se debe a él ¿está muerto?

—No tenemos noticias de él, es de suma importancia que usted nos ofrezca datos al respecto.

—No puede ser, si está vivo, lo primero que hará será venir a matarme. Por favor, ayúdenme, ayúdenme no quiero morir, por favor, ya he sufrido lo suficiente. Ayúdenme por favor.

De repente la puerta de la habitación, un hombre con la cara cubierta entró abruptamente. Los tres policías desenfundaron sus armas de reglamento y apuntaron al misterioso intruso.

SIGA LA INVESTIGACIÓN

Sigue el perfil oficial del Comisario Wenceslao Pérez Chanan en Facebook: http://bit.ly/Comisario
EnFacebook

Leave a Reply