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Han pasado diez años desde tu partida, aún no me acostumbro a estar sin ti y me cuesta aceptar tu ausencia, el dolor que llevo en el pecho no ha desaparecido, he aprendido a dominarlo, he atravesado por mi período de duelo y al final he comprendido que tu propósito se había cumplido, sin embargo, mi corazón aún siente una imperiosa necesidad por tenerte a mi lado, para amarte, besarte y abrazarte. Después de decirte hasta luego mis pupilas quedaron vacías de tu presencia, mis brazos y mis manos quedaron huérfanos de tu ser porque no podían abrazarte y mi alma se desgarró sin el alimento de tu esencia, por mucho tiempo anduve perdido, desolado y abatido, pero con el tiempo he logrado levantarme como tu hubieras querido.  Para lograr superar la nostalgia y el desasosiego que me dejó tu repentina partida he tenido que recurrir a la memoria y a mis recuerdos para no quedarme más en tu ausencia y continuar mi camino celebrando cada día que te tuve conmigo.

Siempre fuiste mi bastión y mi atalaya, ahora me he visto sin refugio y sin morada, pero he aprendido que soy yo quien debe esforzarse por construir puentes y edificar escenarios; soy yo también quien debe abrir caminos, elevar las velas y zarpar de puerto, derribar muros y destruir murallas, tal y como tú me enseñaste cada día de tu vida, con tu actuar y tu ejemplo.  Me esfuerzo cada día por hacer lo correcto y estoy consciente de que muchas veces fallo, pero sé que puedo reconocer mi error y corregir mi falta, como cuando con tus palabras amorosas y una mirada tierna pero firme solías decirme que corrigiera y recapacitara.

Hoy celebro de nuevo tu día, aunque para ser sincero prefiero honrarte y dedicarte cada día que me quede de vida, no con palabras ni regalos sino con actitudes y acciones que valgan más que mil palabras;  quiero también guardarte en un enorme baúl todos los “te amo”, los “te quiero”, los “te necesito”, los infinitos abrazos y los incontables besos que nunca te di, junto con las muchas risas y las millones de lágrimas de alegría para dártelas en persona cuando vuelva a encontrarme contigo amada madre mía.  Mi querida Lucy, gracias por regalarme el don de la vida y por brindarme la tuya cada día.

eracarrillo2638@gmail.com

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