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La utopía en Guatemala…

Cuando los que fuimos a la Plaza nos damos cuenta del grupo al que pertenecemos, los temas se van poniendo más difíciles y el resultado es la dispersión.  Hace un año todas las clases sociales estaban contra Otto Pérez y Roxana Baldetti, hoy, la situación es nuevamente normal, vivimos en un constante conflicto de clases.

El paro nacional del pasado miércoles saca a flor de piel los sentimientos de superioridad, oposición, hostilidad, y en el mejor de los casos, reserva por las ideas y propuestas de otras clases.  Quienes están en lo alto de la jerarquía de las diferentes estructuras de clase en Guatemala deberían pensar que la colectividad que vivimos hace un año dejó grandes beneficios para todos, lo mismo deberíamos hacer con los grandes temas del país.

Mucho haríamos abandonando prejuicios y ejerciendo presión al Congreso y el Ejecutivo en cuestiones de interés nacional.  Ya vimos que recursos financieros hay, solo falta que paguen los que han amasado fortunas a fuerza de evasión, y peor aún, cobrándole al fisco.  Comprobamos también que la Presidencia de la República no es inmune a la indignación, que el Legislativo es “capaz” de temer a sus votantes y a la justicia.

No se trata de crear la comunidad ideal de Thomas More, sino de los mínimos básicos para no ser un Estado y una Sociedad inviable: cumplir con la norma que acordemos (revisando la vigente, claro está), transformar los antivalores de la violencia, el abuso y la corrupción, por los del respeto, la solidaridad y la convivencia pacífica y civilizada.  Los planteamientos del paro nacional, así como los de la marcha por el agua y la madre tierra, pueden ser de todos; de lo contrario la crisis nos alcanzará y luego del drama vendrá nuevamente el camino hacia la escalada.

La suma de todas las luchas no puede ser una utopía.  No debemos dejar que lo sucedido en la Plaza sea solo producto de una alianza táctica, menos dejar que la inercia y el hastío jueguen con nosotros a una malvada paradoja.

La utopía en Guatemala es posible: no debemos permitir que el enfrentamiento y los discursos del odio sustituyan jamás nuestra búsqueda de la paz y la felicidad.

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