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Ayer exitosos, hoy pobres y surrealistas

Hace apenas dos años, en esta misma columna, examinábamos la situación económica de Brasil en los siguientes términos: Goza de un auge económico sin precedentes, con escalas de inversión impresionantes, con alrededor de $13.4 millardos dedicados a nuevos complejos de modernísimos estadios, una Villa Olímpica, la extensión del metro y toda una nueva red de tránsito rápido urbano, además de hoteles y otras instalaciones. Esto, en relación con los próximos eventos del deporte que deberá atender una de sus ciudades principales, la famosísima Río de Janeiro. Aunado a todo ello, otro auge es el de la explotación de yacimientos hidrocarburíferos costa afuera, previéndose haber invertido entre 2010 y 2014, no menos de $210 a $212 millardos (109), a fin de sostener e incrementar los niveles de producción alcanzados. Y como si fuera poco, la pujante y exitosa industria aeronáutica del país ha logrado, solo en los últimos 7 a 5 años, que muchas aerolíneas latinoamericanas y de otras latitudes utilicen aeronaves de su manufactura en las rutas regulares de pasajeros. Comparábamos tal estado de país con el de otros en la región, como aquel al cual se califica “la bonita del barrio pero tonta”, una nación que a principios del siglo XX se contaba ya como país del primer mundo, hoy tristemente iniciado el siglo XXI es más bien un país tercermundista. ¿Es necesario preguntar de qué país se trata?

Y no obstante, en apenas dos años, la carcoma interna de mafias políticas y de negocios en el mismo gigante brasileño se trajo en picada esa pujante economía. El otro país, Argentina, hoy parece encaminar mejores pasos, al lograr la casi anulación del kirchnerismo peronista. Tales los vaivenes de los países latinoamericanos… A este respecto, mencionábamos entrevista con Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien daba opiniones muy de tomar en cuenta, entonces y hoy mismo. Que detrás de la década del despegue económico, en varios países de la región “la productividad es una de las áreas más importantes…y el fundamento (de la misma) depende de (tres factores esenciales) la calidad de la educación, la flexibilidad de los mercados laborales y las inversiones en ciencia y tecnología…son estas algunas de las cosas en las cuales definitivamente necesitamos concentrarnos”. Agregaba que “no hay dudas sobre la relación entre crecimiento y reducción de los niveles de pobreza”.

¿Y nuestro pequeño país Guatemala, cómo pinta en esto? ¿Son acaso atractivos a la inversión conflictos constantes entre grupos poblacionales, autoridades locales, gubernamentales y dadivosos cooperantes, porque con o sin la razón de cada quien, se oponen a micro-hidroeléctricas en papel, o si no, a minas de “raspar la olla”, ya trabajadas en siglos pasados en San José del Golfo? Vaya surrealismos que pisotean el criterio técnico y la certeza jurídica.

En apenas dos años, la carcoma interna de mafias políticas y de negocios en el mismo gigante brasileño se trajo en picada esa pujante economía.

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