Home > Cultura > Bolaño, una travesía

Desde que murió, en Barcelona en 2003, a Roberto Bolaño lo acompaña la buena fortuna. Su obra ha sido editada con generosidad. De todos es conocido el impacto que tiene su legado en los lectores estadounidenses, por no hablar en idioma español. Aún recuerdo una Semana Santa cuando leí, alucinado, 2666, novela póstuma de más de mil páginas. Tenía poco de haber abandonado eso que llamamos existencia. Sin embargo, ya había entrado en el Canon. Tres de sus novelas, Los detectives salvajes, 2666, Estrella distante, se distinguen entre los 15 primeros lugares de la lista elaborada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles, como los mejores 100 libros en lengua española de los últimos 25 años. No es gratuita la reputación de su obra. Cuando la deficiencia hepática lo vencía, ya tenía en sus manos 50 contratos de edición y 49 de traducciones.

Hijo de un camionero y una maestra, Bolaño empezó a escribir en su estadía en México, para luego partir hacia Cataluña. Los detectives salvajes (Premio Herralde y Rómulo Galleros) es quizá la novela más ambiciosa y mejor escrita en español los últimos 30 años, solo comparable con El hombre que amaba los perros, del cubano Leonardo Padura. Cosa curiosa, ambas tienen entre algunos de sus escenarios, México.

Creador del movimiento Infrarrealista, Bolaño se enfrentó a las grandes voces de la poesía de esos años, entre ellos, a Octavio Paz. Su desenfado le ganó adeptos y críticos. No obstante, fue amigo de los poetas Hugo Gutiérrez Vega, Efraín Huerta, Poli Délano, Hernán Lavín Cerda, Miguel Donoso Pareja y Roque Dalton.

Durante muchos años fue amigo de Jorge Herralde, de Anagrama, sello que publicó casi todo su trabajo literario. Este año se anunció que Alfaguara, sello perteneciente a Penguin Randon House, compró los derechos a sus herederos y publicará en los próximos meses los 21 títulos que componen su obra. Además, se anuncia, en el marco de la Feria Internacional de Guadalajara, la edición de dos textos, El espíritu de la ciencia ficción, una novela corta, fechada en Girona en 1984, la cual transcurre en Ciudad de México, y pertenece a la misma época de El Tercer Reich, y un libro de cuentos, aún sin título.

Como sea, Roberto Bolaño vivía para escribir y, a pesar de morir a los 50 años, es como si aún lo hiciera, incansablemente. Más allá de los mitos, más allá de su voluntad, se convirtió en una celebridad literaria cuando la muerte sirvió de trampolín. Su vida fue como escribió en ese hermoso poema titulado Paseo por la literatura: “Soñé que un hombre volvía la vista atrás, sobre el paisaje anamórfico de los sueños y que su mirada era dura como el acero pero igual se fragmentaba en múltiples miradas cada vez más inocentes, cada vez más desvalidas”.

Roberto Bolaño

ESCRITOR

“Déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos”. Manifiesto Infrarrealista, 1976

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