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El artículo 1 de la Constitución Política de la República no deja lugar a dudas, el Estado “se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común”.

Pero, ¿qué es el bien común? No es difícil definirlo. Podemos decir que es la búsqueda del bienestar colectivo, es decir, que todos vivamos en armonía y que tengamos las mismas oportunidades de desarrollo y crecimiento, tanto en lo social, como en lo político, lo cultural, lo educativo y lo económico.

Si eso lograra hacerse realidad, todos saldríamos ganando. Pero ello requiere de un compromiso real de todos, de poner nuestro granito de arena en lo que nos corresponde. Significa que los empresarios paguen salarios justos y que los trabajadores den todo para hacer más productivas a las empresas.

Pero también significa que respetemos la ley y así podamos vivir en un verdadero Estado de derecho, esa condición que todo mundo reclama, pero que casi nadie respeta. Vivir bajo el régimen del Estado de derecho es convivir en una condición de respeto irrestricto de la ley. No es solo de exigir, también es  cumplir.

El Estado de derecho es una condición social y jurídica en la que debemos exigir que respeten nuestros derechos como ciudadanos, pero también cumplir las obligaciones.

Y es que los guatemaltecos queremos tener un país limpio, pero todos, en más de algún momento, tiramos basura en la calle. Queremos que castiguen a los policías corruptos, pero si nos detienen por violar alguna norma de tránsito ofrecemos alguna prebenda para evitar ser sancionados. Bloqueamos calles y carreteras para exigir respeto a nuestros derechos, pero violamos el derecho de otros a la libre movilización.

Somos miembros de una sociedad que se desenvuelve en medio de un ambiente de doble moral, un ambiente de falsedad en el que cada quien jala agua para su molino, menos para lograr el propósito constitucional del bien común.

Si queremos que Guatemala sea un país diferente, un país en el que todos salgamos ganando, es necesario que actuemos dentro del marco de la ley. Es necesario que aportemos en nuestros respectivos espacios, respetando a los demás y haciéndonos respetar.

El bien común es crecer juntos, es desarrollarnos juntos, no es ser unos más que otros como humanos. El bien común es velar porque todos tengamos derecho a una educación de calidad, a servicios de salud dignos, a vivir seguros.

Sin embargo, todo lo hacemos por el bien particular. Los empresarios buscan ganancias aunque sus trabajadores vivan en la miseria. Los trabajadores, en tanto, velan por tener mejores condiciones, aunque no rindan lo necesario para hacer de la empresa para la que laboran un espacio productivo y rentable. Los sindicalistas buscan las mejores prebendas, pero no quieren trabajar.

Así, no vamos a ningún lado. Y si vamos, lo hacemos hacia el lugar equivocado. Ese sitio en el que los países no crecen, viven sumidos en la pobreza y sus ciudadanos se destrozan los unos a los otros a costa de lo que sea.

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