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Conducta de un presidente

don Jimmy Morales le cuento que en la historia se menciona que existió un presidente llamado Ulises Francisco Espaillat Quiñones, quien fue un político, el decimoctavo presidente de la República Dominicana. Es considerado por casi un 90% de los historiadores extranjeros “uno de los políticos más honestos y cándidos”; aun lo recuerdan. Su gobierno patriótico, honesto, progresista y democrático fue derrocado por una asonada militar, expresión de la intolerancia y anarquía de las diferentes capas de la pequeña burguesía, encabezada por Ignacio María González Santín. Le refiero lo que es  honestidad: es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable y justo.

Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo a como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra.

Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive. Debe tomarse en cuenta, además, lo que significa prestigio, una palabra usada comúnmente para describir la reputación, la fama o los logros de una persona, grupo de personas, institución o aspecto cultural ligado a algunos de los anteriores.

Me refiero a este tema delicado, que no le mencionaran sus consejeros, quienes prefieren exponerle a la vista un paisaje y le esconderán el desastre que nos acontece. Existe un animal al que le enseñaron esconder la cabeza en un hoyo, cuando le acecha el peligro, cuando están cerca los cazadores; es el avestruz, A la sociedad guatemalteca nos preocupan los comentarios en los que lo analizan medios de comunicación y salen fotos de su persona, al lado de personajes de mala trayectoria. Más preocupa que aun en su gobierno estén trabajando individuos con malos antecedentes, de otros gobiernos civiles y militares. Observe cómo la historia, con la que inicio mi columna, enseña el pasado de un gobernante al que la milicia y el poder económico que lo rodearon, lo derrotaron.

Es importante que al señalársele de algo indebido, aclare, no imite al avestruz (el que calla otorga), como le aconsejaran sus falsos consejeros. No pelee con periodistas, que son los que lo ponen en alerta. Depure a sus colaboradores corruptos, no los esconda. Su prestigio se está perdiendo; aún es tiempo de ganar credibilidad. No es mi intención fastidiarlo, lo que deseamos los guatemaltecos es un mejor trabajo, con transparencia y honradez.

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