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La violencia sexual que nos agobia

Los abusos sexuales en contra de los guatemaltecos reflejan cifras verdaderamente preocupantes. De acuerdo con los reportes del Ministerio Público (MP), en los últimos dos años este tipo de crimen ha afectado, en promedio anual, a 6,500 personas de diferentes edades. Así lo dicen las denuncias presentadas ante esta entidad encargada de la persecución penal. Y la tendencia no es para menos. Cuando corrían siete meses de 2016, la cifra ya alcanzó 3,256 denuncias, lo cual puede leerse como una repetición de lo que ha venido ocurriendo.

Claro que hablamos solo de denuncias. Aquí no se cuentan los hechos ocurridos, pero no puestos en conocimiento de la autoridad.

Los números son menos alentadores si se analizan desde la perspectiva de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH). Según este órgano de fuerza eminentemente moral, solo en el primer cuatrimestre del año se habrían registrado 2,616 delitos sexuales, lo cual nos haría proyectar un año mucho más complicado que los anteriores, en este tema.

La relación entre homicidios y violaciones es inversa, en términos del género que resulta víctima de cada tipo de crimen. Cuando nos referimos a los homicidios, los números nos dicen que los hombres son los más afectados, aunque las mujeres asesinadas tampoco es que conformen un grupo al que no debe ponerse atención. Pero si se habla de violaciones, las cifras se invierten. Aquí es el sector femenino el más afectado, aunque también hay hombres. Un 10.67 por ciento de los casos registrados corresponde a víctimas masculinas, es decir, 279 hombres.

Las soluciones para este tipo de delito no son inmediatas, en casi ningún caso, pues se trata de problemas sociales y mentales. Sin embargo, no falta quien piense que utilizando medidas violentas de coerción puede erradicarse este mal.

El diputado José Hernández, de la Unión del Cambio Nacional (UCN), es uno de ellos. Hernández se ha dado a la tarea de promover la castración como un nuevo castigo dentro del Código Penal. Por supuesto que su iniciativa no ha sido bien vista por muchos. La mayoría piensa que el problema de las violaciones no está en los órganos genitales, lo cual es totalmente cierto. Buena parte del problema es mental e incluso educativo y cultural. Es ahí entonces, en esas áreas, en donde debe buscarse la salida al problema. Debe educarse más a las personas en el tema de la sexualidad y la reproducción, pues en buena parte de los pobladores aún siguen prevaleciendo  criterios tabú y acciones sin conocimiento de causa.

Las autoridades deben trabajar más en estos temas educativos, pues de lo contrario tendremos que ver cómo las cifras aumentan y siguen afectando, no solo física sino también moralmente a los pobladores, la mayoría menores de edad.