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Té de sinceridad

Por similares que parezcan en cuanto a su uso, las palabras desarrollo y crecimiento son muy diferentes. La diferencia está básicamente en el propósito. Por ejemplo, a nivel físico: una persona puede hacer crecer su físico, pero no necesariamente estarlo desarrollando. El desarrollo implica una intencionalidad dentro del crecimiento. Es precisamente ese concepto de desarrollo (o crecimiento intencional dirigido hacia un propósito) que hace surgir una de las palabras más importantes dentro de la vida: proceso. La vida es un proceso, no un suceso.

Es justo en ese proceso, donde todos sabemos que el progreso que hacemos en la vida se ve amenazado constantemente de situaciones que nos restan impulso y ánimo para poder avanzar. No me refiero a aspectos ficticios o incluso menores que podamos resolver; hablo de aquellas situaciones reales, fuertes y difíciles que la vida nos ofrece: razones valederas que se convierten en una justificación real para no lograr lo que hemos hecho. ¿Justificación o excusas?  La pregunta que acabo de formular pudiera parecer fuerte, porque definitivamente no tengo el derecho para juzgar las razones por las que usted no haya o no esté avanzando en realizar sus sueños, o ideas de emprendimiento. No conozco sus circunstancias, no he vivido lo que a usted le ha tocado.

Tiene razón, no tengo derecho a juzgar, y por eso déjeme plantear la pregunta de otra manera: ¿Cómo sería su vida si eliminara de ella las excusas? ¡Sí! ¡Está mejor! Una excusa se puede convertir en un gran aliado de consuelo. Una excusa no causa incomodidad. Mason Cooley dijo que “Las excusas no cambian nada, pero hacen que todo el mundo se sienta mejor”. Visualice por un momento cómo sería su vida si, a pesar de todo lo que puede usted creer que le retiene avanzar, usted sigue avanzando.

Me refiero al pasado que le sigue impidiendo que vea con claridad su futuro; hablo de los aspectos no controlables de su vida que no le dejan tomar el control de sus propias decisiones. Son esos asuntos no resueltos que le atan en seguir adelante. ¿Qué pasa si deja todo eso que le detiene y se decide a continuar? Sé que no es cómoda esa propuesta, pero pudiera ser esa incomodidad la que se convierta en la llave que abra la puerta a un posible y extraordinario cambio.

Tenemos razón en considerar muchas cosas como valederas para no avanzar, pero al no prestarles tanta atención como la que hemos venido brindándole y siendo honestos con nosotros mismos podemos reconocer que todo, en esencia, son simplemente excusas que no necesitamos. Así es, tengo la total convicción que no necesita de una excusa. Al contrario, el viaje rumbo a sus objetivos se vuelve mucho más corto cuando las dejamos a un lado. ¿Excusas? Pueden haber muchas, pero afortunadamente nos damos cuenta de que no las necesitamos y, por ello, no son necesarias de usar. ¿Cómo sería su vida si eliminara de ella las excusas? Es más, le invito a que haga la prueba solo por este día en no usar ninguna excusa y que al anochecer pueda tomar un “té de sinceridad” y evaluarse al respecto.

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