Home > Columnas > El primer astronauta

Muchos soñamos alguna vez con ser astronautas. Salir al espacio y ver la Tierra desde afuera debe ser algo increíble. La industrialización del espacio ha creado la ilusión de que es normal lanzar una nave al espacio y regresar, pero eso no siempre fue así. Es importante saber cómo empezó todo, porque hubo un tiempo en el que no se sabía ni siquiera si el astronauta regresaría vivo o si la nave funcionaría bien.

Yuri Alekséyevich Gagarin, piloto militar de la Unión Soviética, fue el primer astronauta de la historia. Los soviéticos les llaman cosmonautas, término para designar a un viajero del espacio.

Gagarin nació en Klúshino, Rusia, el 9 de marzo de 1934. La llegada de la Segunda Guerra Mundial influyó para que decidiera ser piloto aviador y en 1955 se inscribió en la Escuela Militar de Pilotos de Oremburgo. Justo unos años después, la Unión Soviética realizó sus grandes hits espaciales que fueron poner en órbita el primer satélite artificial, Sputnik 1, en 1957, y luego el Sputnik 2 con la célebre perrita Laika, que fue el primer ser vivo en el espacio.

Con el tiempo, Yuri fue seleccionado para ser el primer cosmonauta de la URSS, y el 12 de abril de 1961 abordó la nave Vostok 3KA-3, más conocida como Vostok 1, para el primer vuelo al espacio de la historia. Había mucha tensión en el ambiente, pero el lanzamiento fue exitoso. Era un vuelo corto, subir, orbitar la Tierra y bajar. Durante los 108 minutos que duró, su trabajo era hablar por radio, probar un poco de comida y ver a su alrededor.

Los científicos querían saber si un ser humano podía comportarse de manera normal estando sin gravedad. A decir verdad, no conocían bien los efectos de la ingravidez, así que la nave estuvo en todo momento bajo control terrestre.  Gagarin tenía un asiento eyectable, por medio del cual saltaría de la nave al regresar, a una altitud de 7 kilómetros.

Pero aparecieron los problemas. Durante la reentrada, la nave debía desprenderse de una parte, para lograr una orientación apropiada o se convertiría en una gran bola de fuego. Durante 10 angustiosos minutos, la cápsula comenzó a girar violentamente, el sistema automático falló y la vida de Gagarin estuvo en peligro, pero el mismo calor de la fricción atmosférica debilitó el sistema de anclaje y liberó la cápsula.

Al descender, ¡otra falla! El sistema de frenado no trabajó bien. Eso causó que no aterrizara en el punto previsto, a 110 kilómetros de Stalingrado, sino que en la provincia de Sarátov, a unos 400 kilómetros del punto. Gagarin saltó y cayó en paracaídas, mientras en tierra, una campesina y su nieta se quedaron con la boca abierta y al verlo bajar del cielo le preguntaron “¿Vienes del espacio?”, y Gagarin contestó, “Sí, pero no se preocupen, soy soviético”.

Su triunfo dejó una profunda huella en todo el mundo. Gagarin era un hombre amable, reconocido por su gran sonrisa. La URSS lo llevó de viaje a muchos países. En su honor se nombraron pueblos, un cráter de la Luna y un asteroide. La ONU declaró el 12 de abril como Día del Espacio, para honrarlo.

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