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Inseguros de pies a cabeza

Sobre aviso no hay engaño. Las fuerzas de seguridad del país estaban advertidas. Desde que en 2015 en un ataque contra una unidad del sistema penitenciario, con un granadazo frente al hospital general San Juan de Dios, quedó un transeúnte muerto y 25 heridos, la población se quejó y exigió que se buscara la manera de no trasladar a los reos a centros públicos de salud.

No era para menos. La posibilidad de que este tipo de atentados se volviera a dar era latente. Y los pobladores, alertados, pues pudieron preverlo. Quienes no lo hicieron fueron las autoridades, pues está visto que jamás se tomó las medidas preventivas del caso, para evitar una tragedia.

El día llegó y la tragedia sucedió. Un grupo de delincuentes, fuertemente armados, incluso con fusiles de asalto, atacó ayer a una unidad del Sistema Penitenciario que trasladaba al Fat, jefe de una pandilla juvenil, para que se le aplicara un tratamiento renal en un centro hospitalario.

Los ojos de los delincuentes ya tenían en la mira el movimiento. Y cuando lo creyeron oportuno, atacaron. El objetivo se logró, pues asesinaron al Fat. Lamentablemente, también murieron otras tres víctimas inocentes. Un guardia penitenciario, un lavador callejero de carros y un transeúnte que pasaba por el lugar equivocado a la hora equivocada. Otros seis guatemaltecos resultaron heridos.

¿Aprenderán la lección las autoridades encargadas de la seguridad ciudadana? Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que no es posible que más guatemaltecos inocentes sigan perdiendo la vida por los descuidos tácticos de quienes se supone deben ser expertos en la movilización de reos. Más aún cuando estos son de alta peligrosidad.

La obligación de las autoridades es proteger la vida de la ciudadanía, pero visto está que no pueden cuidar ni la de ellos. ¿A dónde vamos a parar?

Las cifras de la violencia crecen sin coto. Y lo peor, muchos mueren sin siquiera haber hecho algo que lo justifique.

Ya es hora de que las autoridades busquen otros mecanismos humanitarios para la atención médica de los privados de libertad, pues los guatemaltecos honrados y honestos no tienen por qué pagar las consecuencias de aquellos que, por voluntad propia, han decidido bregar por los caminos del mal.

Se necesitan soluciones urgentes a los males que aquejan al país, de lo contrario, el caos y la anarquía seguirán ganando terreno ante la mirada impávida de los gobernantes de turno.

Se deben asumir medidas urgentes, con celeridad y fuerza, pues no se puede permitir que más vidas se pierdan de esta forma. Guatemala y los guatemaltecos necesitamos autoridades valientes y capaces de enfrentar todos y cada uno de nuestros problemas sociales para poder salir adelante. De lo contrario, estamos condenados al fracaso y el retraso, tanto social, como político, económico y cultural.
Ya lo decía Murphy, todo lo que tiene posibilidad de suceder, sucede.

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