Press "Enter" to skip to content

El político: ¿Nace o se hace?

Ya lo decían nuestros abuelos: “El que nació para maceta del corredor no pasará”. Las dos columnas de Mario Pérez Guerra tituladas “Quiero ser diputado… ¿Seré capaz?”, publicadas en Siglo.21 el 19 y el 23 de los corrientes, me plantearon la interrogante que sirve de título para esta columna: “¿El político: nace o se hace?”. Y es que su tesis fundamental radica en que es “indispensable” el establecimiento de un instituto de capacitación política para que las personas que se  postulen a un cargo de elección popular puedan cumplir a cabalidad los requisitos que exige el artículo constitucional 113: “Los guatemaltecos tienen derecho a optar a empleos o cargos públicos y para su otorgamiento no se atenderá más que a razones fundadas en méritos de capacidad, idoneidad y honradez”. Acoto en este punto que esta norma se refiere únicamente a cargos “otorgados”, es decir, concedidos unilateralmente; categoría muy distinta de aquellos otros cargos a los que se accede mediante un procedimiento de “elección popular” –como es el caso de los diputados—, regulado por una norma especial, cual es la contenida en el artículo constitucional 157. La parte medular de esta última dispone que el Congreso de la República se integra con “diputados electos directamente por el pueblo en sufragio universal y secreto”. Con el apuntado propósito, estima Pérez Guerra que “los partidos políticos debieran tener un instituto de capacitación política financiado por la misma organización […] fiscalizada en cuanto a la dirección y al pensum […] por el Tribunal Supremo Electoral […].”

Ahora bien: “Quod natura non dat, Salmantica non præstat” (la Universidad de Salamanca no puede darle a nadie lo que la naturaleza le negó). Ni la inteligencia, ni la memoria ni la capacidad de aprendizaje son cosas que ningún centro de estudios (incluyo aquí a los institutos de capacitación política financiados por cualquier organización política y supervisados por el Tribunal Supremo Electoral que propone Pérez Guerra), podrá dotar ni proporcionarle a sus estudiantes algo que es innato, que es propio e inherente a la naturaleza humana: su “animalidad política” –esa categoría de zoon politikon.

Comments are closed.

%d bloggers like this: