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Aún libres

Dentro del carro, el 14 de septiembre, entre las antorchas y las banderas, mi hija de 8 años me dice: “Mami… no entiendo… ¿Qué estamos celebrando… la Independencia de Guatemala o su cumpleaños?”. Y mientras traté de responderle, como suele suceder, mis propias respuestas me generaron más cuestionamientos a mí.

¿Qué celebras tú como guatemalteco cada septiembre? Cuando traté de explicarle a mi hija que el 15 de Septiembre celebrábamos la fecha en la cual se firmó la Independencia de Guatemala, quise expresarle con sus palabras, que los guatemaltecos deseaban no depender de otro país para así poder tomar mejores decisiones para beneficiar a sus habitantes, para tener otro tipo de organización política, que permitiera tener nuevos y mejores gobernantes. La reflexión en mi cabeza no se hizo esperar, y casi de inmediato me asaltó la pregunta: “¿No necesitaríamos otra Independencia ahora? ¿No necesitaríamos alejarnos de las viejas formas políticas y construir una mejor nación?”. – Entonces, casi con temor de que pudiera leer mis pensamientos, le comento también que por eso celebramos que somos libres. Creo que esa palabra le gusta, pues por el retrovisor la veo sonreír.

Ahora, a quien le queda la duda es a mí… “¿Somos libres?” -me pregunto para mis adentros. Cuesta sentirse libre en un país donde se transita con miedo, en donde las extorsiones quitan la paz a cualquiera, en donde parece que el monstruo de la corrupción, con sus miles de tentáculos, no deja salir a nadie con vida, y cuando el grillete más grande es la indiferencia individual y colectiva… Pero, ahí mismo, descubro que sí, que aún somos libres, pues aún tenemos la opción de decidir cómo reaccionar ante esta realidad, porque aún está en nosotros decidir qué hacer para cambiar. Somos libres… libres de decidir entre solo criticar o comprometernos a aportar, libres para desaprender las malas costumbres y aprender mejores hábitos que pongan en alto los valores de nuestra nación. Libres para educarnos y educar a otros, no solo con nuestro ejemplo, sino con nuestro tiempo y atención. Libres, para atrevernos a pensar diferente, de una manera más incluyente, menos prejuiciosa, más tolerante. “¡Sí, aún somos libres!” –dije dentro de mí.

Alegre, me dirigí a mi hija y le dije, que la Independencia se tomaba como el nacimiento de nuestro país y entonces, por eso también se celebra su cumpleaños. Y me imaginé ese hermoso pastel, pintado de mil colores, con sabores de sus más deliciosos manjares, con diversidad en sus formas y texturas… con historias ancestrales, sabiduría natural, modernidad y tradiciones. Un pastel con turrón de esperanza y muy grande para que llegue a todos los rincones. Sí, Guatemala se merece un cumpleaños y un buen pastel, y al soplar sus 195 velitas, estoy segura que nos pediría a cada uno de los chapines que le concediéramos un deseo… ¿cuál crees que te pediría a ti? ¿Qué deseo quieres tú concederle a tu país?

Independencia y cumpleaños… yo celebro que aún somos libres para decidir hacer esos pequeños cambios que conceden deseos a la Patria. ¿Qué celebras tú?

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