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La madre de todas las batallas

Escuchar a José Piñera siempre es un placer, porque dice las cosas como son y no como la gente quisiera que fueran, y porque tiene sus argumentos claros y fuertemente respaldados por los hechos.

Ahora que se discute en Guatemala el futuro del IGSS (Instituto Guatemalteco de Seguridad Social) entre seguir como está (quebrado) o cambiar a un sistema de pensiones de capitalización individual, por un lado, y el servicio de salud como funcionan los seguros en cualquier parte del mundo, su plática me vino como anillo al dedo.

En 1975, Chile ocupaba el puesto número 69 del índice de libertad económica del mundo publicado por el Fraser Institute. En el año 2011 ocupaba el puesto número 7. En 2014 habían bajado al puesto No. 13, y la tendencia es a seguir cayendo en este índice por las medidas redistribucioncitas que se están aplicando durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo, es impresionante ver que Chile ha pasado a ocupar un puesto entre las 20 economías más libres y estables del mundo entero.

La pobreza en 1975 era del 50% de la población, mientras que actualmente es del 7.8%. Una disminución sin precedentes. Actualmente ocupa el puesto número 18 en el Human Freedom Index. ¿Qué hizo Chile que no podamos hacer nosotros? ¿Por qué mientras Chile lograba este enorme desarrollo humano, disminuyendo la pobreza rápidamente, logrando un crecimiento económico impresionante y creando una enorme clase media, nosotros nos hemos estancado?

Nos explica el doctor Piñera que lo primero que hicieron en Chile fue crear un sistema de libertades económicas, y en la transición se basaron en tres pilares importantes: el primero fue la decisión de tener una constitución irrevocable hacia la democracia (1980), el segundo fue la creación de Instituciones para la Libertad (1981 – 1988) y el tercero fue el de elecciones libres, tanto para presidente como para los diputados al Congreso (1989).

Estas instituciones permitieron un crecimiento económico acelerado, lo cual se transformó en más y mejores oportunidades para todos los chilenos. Nos recuerda Piñera que “La gente no muere por pobreza, ni por desigualdad”, y lo que urge es disminuir la pobreza.

Todos estos pilares vinieron luego acompañados por un cambio para hacer más eficientes las instituciones que iban directo a la quiebra, como lo era su sistema de seguridad social (en Guatemala vamos por ese camino, el de la quiebra). A esta reforma, Piñera le denomina “la madre de todas las batallas”. La gran reforma del sistema de pensiones fue totalmente exitosa y lo sigue siendo ahora por más que sus enemigos traten de minimizarlo. Pero no se puede, porque los números hablan por sí solos. Un sistema que ha generado un retorno anual en términos reales, es decir, sobre la inflación, del 8.3% desde 1981 no puede ser jamás considerado un fracaso. Muchos inversionistas quisieran haber tenido esta tasa de retorno en tanto tiempo por sus inversiones.

Qué pasa con los que se quejan. Pues que el sistema permite que en cuentas individuales, cada trabajador pueda ahorrar lo que quiera por encima de un mínimo. El mínimo genera un determinado rendimiento, pero cuando se retiran puede no ser suficiente para su retiro, por lo que el trabajador debería haber ahorrado más durante su vida laboral. Esa es responsabilidad de cada quien. El asunto se ha agravado porque Bachelet ha metido beneficiaros que no aportan pero que tienen que ser soportados por el resto de los que sí aportan. Los que se quejan quieren más, pero no están dispuestos a meter más, sino que otros paguen.

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