Home > Columnas > El arte de no amargarse

Ese es el título de uno de los libros que han cambiado la vida de decenas de personas en el mundo de habla hispana, del autor español Rafael Santandreu.

Su contenido tiene enseñanzas sencillas, prácticas y muy apegadas a la realidad.

En este contexto, el escritor ha hecho una lista de diez ideas principales por las cuales las personas viven tristes, enojadas, insatisfechas y dejan de encontrar el sabor a la vida.

  1. Necesito tener a mi lado a alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué existencia más triste!
  2. Si mi pareja me engaña no puedo continuar con esa relación. La infidelidad es una cosa terrible que te destroza por dentro.
  3. Tengo que ser alguien, aprovechar bien mis cualidades y virtudes. De lo contrario me sentiría fracasado.
  4. No puedo tolerar que la gente me menosprecie en público. Debo saber responder y defender mi imagen.
  5. Es imperativo que tenga casa propia. De no ser así seré un muerto de hambre.
  6. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Y lo más deseable es vivir mucho tiempo, cuanto más, mejor: ¡incluso hasta los cien años o más!
  7. Tengo que ayudar a mis familiares: padres, abuelos, hijos. Mi apoyo es fundamental para su felicidad.
  8. Tengo que tener una vida emocionante, de lo contrario soy un aburrido y de alguna forma un desperdicio.
  9. Debo tener más cosas, más oportunidades, más inteligencia, más dinero.
  10. La soledad es muy mala. Los seres humanos necesitan tener a alguien cerca porque si no, son unos desgraciados.

Santandreu indica que todas esas aseveraciones son creencias sin fundamento, heredadas de manera gratuita de nuestros antepasados, las cuales son el caldo de cultivo de depresión y neurosis, lo que provoca tormentas emocionales continuas.

Esos conceptos erróneos están por todos lados y, cual bacterias, se reproducen, pero eso no significa que sean válidas y que ayuden a fortalecernos.

De esa cuenta es que siempre mantenemos un nivel de insatisfacción y frustración, porque conseguimos algo, nos alegramos y luego dejamos de sentir esa emoción y caemos en el mismo estado lineal de vivir por costumbre.

En verdad, nadie necesita ninguna de esas cosas de la lista para sentirse pleno, porque la felicidad debe emanar de uno mismo, sin esperar que personas, dinero u objetos llenen los vacíos que uno mismo no ha logrado colmar.

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