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Frente a la realidad, sensatez en la mirada

El claroscuro de la realidad es tormentoso, en parte por nuestras contradicciones y ausencia de autenticidad hacia nuestro prójimo, máxime cuando los sistemas de protección social se devalúan hasta el extremo de la pasividad total. Algunos gobiernos que debieran gobernar para toda la ciudadanía, universalizando sus acciones, están más pendientes del sillón que de servir, sin importarles ética alguna con tal de continuar ejerciendo de dominadores, con lo que eso conlleva de inhumanidad. La ruptura de una imagen coherente, donde prevalezca el ser humano sobre lo demás, en ocasiones es tan bochornosa que todo parece enhebrarse en la mentira. Realmente cuesta entender esta atmósfera de falsedades e intereses, donde la humanidad entera pierde.  Un nuevo estudio conjunto del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) y el Banco Mundial acaba de revelar que casi 385 millones de niños viven en condiciones de pobreza extrema. Lo mismo sucede con los jóvenes, cada día son más los que no pueden realizarse como personas, pues se les suele negar el estudio y el trabajo. Por cierto, España es uno de los países de la OCDE con más juventud desempleada y que tampoco estudia. Eso sí, ya los hemos catalogado en la exclusión. El 22.7% de quienes tienen entre 15 y 29 años son ninis. Vocablo totalmente despectivo. Tampoco se libran nuestros mayores. Los estereotipos basados en la edad influyen en los comportamientos, en las políticas e incluso en la investigación. Afrontar estos clichés, sin duda, debe ser parte esencial de toda respuesta de salud pública al envejecimiento de la población.

Ojalá en vez de conjugar el verbo amar como loritos, lo llevásemos a la realidad para acrecentar otros caminos más solidarios, cuando menos para ser más armónicos con nuestros semejantes. En cualquier caso, por muy oscuros que se nos presenten los caminos, por muchas crisis que nos sobrevengan, no podemos huir de nosotros, pues tras las dificultades, siempre amanece otra visión que al fin nos injertará la esperanza precisa y necesaria para no caer en el catastrofismo. Quizás tengamos que alimentarnos de ilusiones para volver a lo humano y retornar a ese espíritu de cambio de época, o lo que es lo mismo, de replanteamiento de vida. Nos guste o no, el contexto actual está ahí, y tenemos que vivirlo y compartirlo, conviviendo unos con otros. Tampoco nos carguemos de prejuicios, si acaso hagamos un ejercicio de sensatez, para recapitular nuestro modo de cohabitar y de coexistir, con otra cultura más auténtica, de proximidad humana, y, mayormente, de comprensión. Los enfrentamientos jamás nos llevan a buen puerto. Sin embargo, la acogida siempre nos ayudará a crecer como ciudadanos de bien. Hoy más que nunca se requiere acoger a todos para caminar con todas las culturas. La magnitud del éxodo es tan fuerte en los tiempos actuales, que demanda de nuestra bondad, pues son muchas las personas que quieren olvidarse y dejar atrás la guerra y el hambre. Esta es la cuestión de fondo que hemos de reflexionar.

Por: Víctor Corcoba

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