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Por: Jonathan Ardón F.

Mientras la oposición acusa al gobierno de Maduro de romper el «orden constitucional», el chavismo denuncia a la derecha de lo mismo por haber aprobado un acuerdo parlamentario que desconoce al presidente y anula dos poderes.

El pasado domingo, la Asamblea parlamentaria aprobó un acuerdo que declaró «la existencia de un golpe de Estado cometido por el régimen de Nicolás Maduro». Seguidamente la Asamblea  parlamentaria aprobó el martes, en una sesión especial, iniciar un proceso para determinar la responsabilidad política del presidente Maduro en la «ruptura del hilo constitucional» en el país y acordó citarlo a comparecer en la Cámara el próximo 1 de noviembre.

El miércoles la oposición salió a las calles, realizando varias manifestaciones masivas en lo que han denominado La Toma de Venezuela convocada en protesta contra lo que consideran una «ruptura del orden constitucional» tras la suspensión del proceso para celebrar un revocatorio presidencial.

Los últimos sucesos ocurridos, desencadenados por unas elecciones regionales aplazadas a 2017 sin motivo de peso aparente y un revocatorio paralizado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Han llevado a Venezuela a uno de los puntos más álgidos de la actual crisis política.

Las opciones para buscar solución a la actual crisis, han ido desapareciendo hasta llegar a un punto de quiebre y que solo deja dos opciones: sentarse a la mesa o llenar las calles. La oposición parece haber optado por lanzarse a las calles con la Toma de Venezuela y con la huelga general convocada para hoy viernes y otra marcha la semana próxima.

Es en este momento crítico, ha surgido una figura inesperada: el papa Francisco. Quien con su experiencia, con un papel muy importante en las negociaciones más recientes en caso como  del deshielo entre Cuba y Estados Unidos y el proceso de paz en Colombia, parece que se ha propuesto mediar en el escenario político más tenso de la región latinoamericana. Su mediación en los procesos mencionados ha tenido grandes frutos. Aunque en el caso de Venezuela, no parece que pueda obtener un diálogo firme entre las partes.

Pero  ambos bandos parecen haberse percatado del peligroso punto al que han llegado. Ninguno tiene fuerza ni legitimidad para imponerse sobre el otro, tal vez la solución más viable sea pactar la  fecha del revocatorio. Lo que le aseguraría a Maduro la duración del chavismo en el poder hasta 2019. Dándole tiempo al  Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para reorganizarse y a la Mesa de Unidad Nacional (MUD) le permitiría conseguir el objetivo de realizar el referéndum.

Lo cierto es que Venezuela se encuentra en un punto muy crítico, sigue deteriorándose cada vez más, enfrentando una inflación sin frenos, al desabastecimiento y a la polarización social.

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