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De los ovnis a la astronomía

edgar-castro

Siempre me gustó la astronomía porque a través del telescopio podía ver las estrellas. Sentía una sensación deliciosa, inexplicable al verlas. En el frío de la noche, en silencio, muchas noches de cielos despejados acompañan mis recuerdos. Con el tiempo fui estudiando más, convirtiéndome en un aficionado autodidacta que quería ser astrónomo profesional para dedicarme a estudiar de qué están hechos los planetas, si son iguales a la Tierra o diferentes, de qué están hechas las estrellas, etcétera.

Un libro de ovnis en tercer año de secundaria disparó mi motivación por las estrellas. Hablaba de visitantes extraordinarios, venidos en sus naves en forma de disco volador que bajaban haciendo cosas poderosas. Leí todos los casos, las revistas, 40 libros sobre el tema y me fascinó la posibilidad de que estuviéramos siendo visitados por seres de otros planetas, seres que seguramente tendrían un concepto del universo completamente distinto del nuestro.

Conforme avancé en astronomía, me fui dando cuenta de cosas.  Por ejemplo, de la Luna no podían venir pues la luna está desierta, no hay agua, no hay atmósfera ni plantas ni animales. He observado la luna decenas de horas a través de mi telescopio y no hay nada que se mueva allí. Nunca vi ningún ovni por ahí.

¿Podrían ser de Venus?  Adamski decía que los seres que lo visitaban eran rubios, altos y bellos. Que provenían de Venus. Al estudiar las misiones Venera vi que Venus es un planeta muy caliente, el suelo tiene una temperatura de 500 grados centígrados debido al efecto invernadero que existe en dicho planeta. Llueve ácido sulfúrico y corroe los metales. ¿Seres rubios y altos viviendo allí?  No puede ser.  No lo soportarían. Entonces aprendí que Venus tampoco es un planeta apropiado para la vida. 

Marte. Tenía que ser Marte porque de ahí en adelante ya solo hay planetas gaseosos, como globos gigantescos, donde no hay ni dónde pararse. Plutón no es planeta ni es gaseoso, y es demasiado frío. Marte era la única oportunidad. Aprendí que es frío, no tiene agua, su atmósfera es tan tenue que el agua se evapora en segundos. Tiene montañas y volcanes, pero por alguna razón los volcanes se apagaron hace millones de años. El agua se evaporó. Debe haber habido un cataclismo allí.  Tiene casquetes polares, donde el hielo de agua se mezcla con hielo de metano. Quizá en esas regiones haya vida, aún hoy no sabemos. No hay ciudades, no hay McDonald’s, no hay ni un perro.  Los Hermanos del espacio no parecen venir de allí tampoco.

“Vienen de otra galaxia”, dicen los ufólogos. Recurrí a los libros de astronomía para ver qué tan lejos quedan las galaxias, y encontré que quedan a millones de años luz de nosotros. La más cercana es Andrómeda, a 2.5 millones de años luz.  Un año luz es la distancia que la luz recorre en un año, equivalente a 9.6 billones de kilómetros.  Una nave espacial tardaría 50 mil millones de años en llegar. Para hacerlo factible se deben vencer grandes dificultades técnicas, seamos terrestres o extraterrestres, lo cual nos pone como estábamos en el principio.  No es imposible, pero ¿se podrá hacer?

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