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El honesto de la cara

Quien nada debe nada teme. Quien considera que la justicia está de su parte se enfrenta a sus detractores en los tribunales y, con pruebas irrefutables demuestra su inocencia. El que huye y se esconde detrás de la inmunidad parlamentaria simplemente da muestras de cobardía y, sin duda, está demostrando que algo de culpa tiene. Quienes se están esforzando por construir un nuevo país apuestan en la consolidación de los órganos judiciales, se esfuerzan día con día en hacer las instituciones cada vez más transparentes. Dicen dónde estuvieron hace 1 año, hace 10, hace 20.

Quienes quieren un país diferente no están al acecho de plazas vacantes para emplear a parientes y allegados. Se niegan a realizar litigios maliciosos. Los que quieren construir un país diferente no justifican la tortura, mucho menos la desaparición forzada. No se hacen los olvidadizos con relación a su pasado y, si cometieron errores, los asumen con todas las letras. Quienes están interesados en construir la paz no la piensan semejante a la de los cementerios. No inventan que las fosas donde aparecen cadáveres de niños con tiro de gracia, de mujeres y hombres con los ojos vendados y atados de manos 20161130-i-guilleson cementerios aldeanos.

Quienes quieren un país mejor para todos no crean partidos políticos para, ganada una diputación, protegerse detrás de ella para no ir a la cárcel por delitos contra la humanidad. Todo esto, y más, hace pensar el comportamiento del oscuro militar Édgar Ovalle, ahora flamante diputado del partido FCN con su manera dolosa y maliciosa de evitar enfrentar los tribunales. Amante de la oscuridad y las tinieblas, solo ha cobrado notoriedad porque usa la diputación para escapar de la justicia.

Usuario empedernido de posiciones tras el telón, solo actúa en público cuando tiene la inmunidad parlamentaria como escudo. Codueño de la franquicia electoral FCN junto al viajero frecuente Jimmy Morales,  Ovalle la ha usado no solo para emplear a parientes y amigos sino, con la credencial de diputado, huir de la persecución penal, evidenciando la ausencia de medios probatorios que demuestren su inocencia. Es por tanto válido preguntarse sobre lo que dirán sus antiguos colegas, superiores y subordinados militares, al verle escurrirse por vericuetos legales de los más mañosos y obtusos para no dar la cara, cuando la propaganda diseminada por muchos años era que los militares eran no solo valientes sino honestos.

“Triste resultado confirmar que durante décadas ciudadanos de la peor calaña asumieron posiciones.”

Los ya detenidos se preguntarán desconfiados por qué, siendo de los más implicados en el caso, han conseguido burlar la ley y les use como carne de cañón. Sus también oscuros aliados juegan a acusar a otros de las responsabilidades de su cómplice, dejando cientos  de cabos sueltos que hasta el más ingenuo descubre. Así, se dice que son los guerrilleros derrotados quienes les acusan, cuando las demandas han surgido luego de comprobarse que la identidad de varios de los cadáveres corresponden científicamente a detenidos desaparecidos en aldeas y poblados próximos. Además, si la CICIG fuese una instancia persecutoria al servicio de la supuesta “venganza”, por qué dejar para última hora la detención de los implicados, permitiendo a Ovalle protegerse cobardemente en la inmunidad parlamentaria.

Lamentablemente, y para suerte del oficial Ovalle, las instancias legales han actuado apegadas a derecho, y no como cuando él ordenaba, protegido por su uniforme, la detención y desaparición de personas. Triste resulta confirmar que durante décadas ciudadanos de la peor calaña asumieron posiciones de comando en el Ejército de Guatemala y ahora envilecen instituciones que, como el Congreso, sufren de fragilidad permanente ante el acoso de intereses espurios que no permiten que la democracia finalmente surja en el país. Nuevamente hay que preguntarse por qué el TSE permitió que criminales de ese nivel fueran autorizados a participar en la contienda electoral.

Los antecedentes legales de Ovalle eran ya para entonces conocidos, pues la demanda fue presentada muchos meses antes. Si se prohibió a Portillo participar, por qué sí se le permitió a Ovalle y a Ubico, si uno estaba ya denunciado por crímenes contra la humanidad y el otro había sido declarado culpable en Estados Unidos.

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