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¿Qué celebrar en 20 años?

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Somos el segundo país más violento del mundo. Tenemos más de nueve millones de desnutridos. El país en que menos tributan los empresarios. Un paraíso de la corrupción gubernamental. Un expresidente, una exvicepresidenta, varios ministros, otros funcionarios medios y menores, algunos empresarios, todos enjuiciados por corruptos y presos, diputados exministros y empresarios huyendo de la justicia, jueces condenados por prevaricato. Mendicidad en las calles, niños trabajando mientras sus padres no tienen trabajo, mujeres asesinadas y desmembradas, choferes asesinados casi a diario, secuestros y robos hechos por agentes o exagentes de la PNC.

Alto índice de desnutrición materna e infantil. Casos de muertos por hambre en el campo. Sicariato en crecimiento. El mayor índice de armas no registradas de la región. Impunidad de los que cometieron asesinatos. Hacinamiento en las cárceles. Las cárceles llenas de presos sin condena ni juicio. Sistema carcelario colapsado. Baja ejecución presupuestaria por diferentes ministerios. Puertos y fronteras controladas por mafias. Sistema que genera corrupción y que ya demostró que no sirve, ni puede continuar.

Eso es lo que hemos llegado a ser a 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz. Hay toda una institucionalidad derivada de ellos que garantiza puestos y salarios para funcionarios que no garantizan el cumplimiento de los acuerdos. Se invirtieron millones en lograr que dejaran las armas los insurgentes, después se negaron los cambios constitucionales que habían perdido su esencia y confundido a la población que voto en contra. Ahora se hacen propuestas de cambios constitucionales que debieron hacerse inmediatamente después de la firma de los acuerdos. Ahora no solo extemporáneamente, sino mediatizados esos cambios no tendrán significado alguno.

El Congreso de la República es depurable en más del 90% al menos. Nadie duda que seamos un estado fallido. Tutelado. Sin soberanía. Por todo lo anterior no creemos que haya nada qué celebrar en estos 20 años de la firma de los Acuerdos incumplidos y qué sectores adversen cada vez con más virulencia. Una presidencia bien intencionada, en el mejor de los casos, pero sin fuerza para enfrentar a la poderosa oligarquía representada por Multi Inversiones S.A., ni voluntad de enfrentamiento.

Lo que se debe hacer todos los sabemos. Cambiar todo lo que debe cambiarse. Cambiar el sistema generador de corrupción y que ha demostrado su ineficiencia sobradamente. Al plantearse esto, surgen los agoreros del mal, los que nunca hacen nada y condenan cualquier planteamiento de quienes sí queremos hacer algo. Afirman: hay que cambiar pero no de esta manera, ni de esta otra; no con esta gente, ni con esta otra; que sean cambios no solo antioligárquicos sino antitodo, que no lo hagan los que lo proponen sino otros. Que no sean los mismos. Todo cuestionado hasta llegar a la inmovilidad nuevamente que deja en manos de los corruptos la iniciativa y adoptan la actitud de gran catedrático que todo sabe pero que nada hace ni deja hacer.

He propuesto la necesaria unidad desde estas columnas desde hace más de cuatro años al menos. Nadie ha respondido más que los críticos de siempre desde la posición de exclusividad: “con nosotros todo, sin nosotros nada”, o “nosotros somos los que encabezamos esto o no dejamos que se haga nada”. Sigo llamando a la gran unidad para la gran victoria, sin celebrar mucho este 20 aniversario.

 

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