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Metas 2017: inversión y empleo

La desaceleración de nuestra economía registrada en 2016 no es algo que podamos permitir que se repita en 2017. El desempleo y el subempleo es en lo que se traduce la falta de crecimiento económico. Ya hemos tenido suficientes bajas este año que pasó, y con las billeteras y los estómagos vacíos no es posible pensar en una sociedad en paz y estable. Todo lo anterior, como en varias ocasiones Siglo.21 lo ha afirmado, es resultado de un 2016 dominado por el MIEDO. Miedo del sector empresarial ante una ofensiva penal desmedida y selectiva contra este sector, por supuestas vinculaciones a los insaciables actos de corrupción de la cúpula del gobierno del Partido Patriota y de gobiernos anteriores; y miedo del sector público a ejecutar su presupuesto, derivado de la psicosis del funcionario público a que cualquier firma puede representarle la cárcel, aunque sea preventiva. Resultado: el sector público no invierte, el sector privado tampoco, una parálisis económica innecesaria y absurda.

Insistimos en que un gobierno que no ejecuta o no gasta racionalmente su presupuesto, ¡no tiene sentido! Las instituciones públicas están creadas para brindar servicios públicos, no para generar ahorros. Es en el gasto público donde se redistribuye la riqueza generada por los ingresos obtenidos del pago de los impuestos. Retener estos valiosos y escasos recursos por temor a supuestas repercusiones legales, no es aceptable. El efecto multiplicador de un gasto público retenido y lento es perverso para la economía nacional, y en todas las instituciones del Estado, sin excepción, se observó esta conducta durante 2016. En este sentido, es urgente reformar la última versión de la Ley de Contrataciones del Estado que permita un gasto público funcional y oportuno. El año pasado el ministro de Economía indicó en una Mesa 21 que ya estaba lista una nueva versión que supera las fallas de la reforma anterior, precipitada, impulsada, como suele suceder, por la prisa del Congreso en el “quedar bien políticamente” (¿con quiénes? es la pregunta…), generando mayores males que soluciones.

Por otro lado, varias instancias del Gobierno Central responsabilizaron a lo largo de 2016 a la Contraloría General de Cuentas, con sus excesivas revisiones y reparos, como la responsable de semejante estancamiento del gasto público. Estas historias no pueden repetirse más en este 2017. Guatemala no puede darse el lujo de seguir consintiendo una economía sin dinamismo. Por ello la población espera ahora un Gabinete Económico más dinámico, con mayor ímpetu en las funciones que se le ha confiado. Habrá muchos otros desafíos que podrían enumerarse para 2017, pero solo con que se enfocara el Gobierno -y la sociedad en general- en la inversión y el pleno empleo, seguramente será un mejor año para todos. Esta sensación inmovilidad y de nave sin rumbo, es algo que, ojalá, a partir de hoy, sea algo del pasado.

 

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