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Clima, Washington y lo incierto

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Por: Rudolfo Otto Rinze de León

Múltiples factores inciden, indistintamente de señores voluntariosos en vísperas de la llegada de un nuevo ocupante a la Casa Blanca, en Washington D.C., se ha estimulado notablemente el juego de la especulación de los medios, sobre lo que podrá ser o no ser, en lo relacionado al tema del cambio climático. Y encontramos consideraciones especulativas sin adecuado asidero argumental, como no sea lo que vaya a decidir Washington. En esto, si será en la línea de retirarse de los acuerdos de París refrendados por la mayoría de naciones o bien, que el disparatado presidente entrante opte por dejar hacer, para no complicarse más la vida, en un tema que por lo visto, no acaba de entender.

Pero más razonable es lo que observa The Economist, así: “La realidad es más compleja. La especie de populismo ‘América es Primero’ de Míster Trump, no hará nada por contribuir al planeta, ni tampoco necesariamente, será la catástrofe que muchos esperan”, (With or Without America, Self Interest Will Sustain the Fight Against Climate Change, The Economist, Nov. 26, 2016).

«La pura realidad: ningún inversionista serio invertirá un centavo en tales operaciones.»

Y es que el mismo título del citado artículo abre el paso para argumentos mejor fundamentados, sobre realidades aparentemente elusivas, para muchos que están a favor o en contra de atacar el cambio climático. Empezando en los mismos Estados Unidos, donde por ejemplo, el nuevo presidente ofrece áreas de propiedad federal, para estimular más las operaciones petroleras de producción mediante el fraqueo.

La pura realidad: ningún inversionista serio invertirá un centavo en tales operaciones, de no darse un incremento a los actuales precios del petróleo que no permiten proyectar los requeridos niveles de rentabilidad. Y esto, lo quiera o no el señor presidente. Además, aun no se percibe acusada tendencia hacia incrementos al precio a los niveles requeridos. Agreguemos a esto el hecho de que, en particular el año 2015, fue cuando por primera vez en la historia, la generación de energía mediante fuentes renovables, superó aquella a base de carbón mineral. Y esto continuó en el año 2016, ya abarcando al petróleo.

O sea, son los demás actores, sus propios intereses y otros factores, como la situación actual de acusadas bajas en la economía mundial, al extremo que hasta el canal de Panamá ha visto mermados los ingresos programados por el paso de los grandes buques, precisamente porque el enfriamiento de la economía global, ha devenido en una sobreoferta de capacidad en barcos de contenedores, muchos de los cuales hoy día se encuentran fondeados, fuera de uso. Interesante también que en esto de múltiples factores que inciden, indistintamente de voluntades o señores voluntariosos, tenemos el hecho de que como producto de la producción por fraqueo, el gas de esquistos, juntamente con el gas natural, han desplazado a lo largo de los últimos tres años y en muchos casos, al carbón mineral en la generación de electricidad. Y resulta que estos combustibles gaseosos son más amigables a la atmósfera del planeta, dado que por mucho, son menores contaminantes que el carbón y el petróleo.

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