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Desnutrición infantil vergüenza nacional

La fuerza moral de una sociedad se percibe por su vocación de servicio, respeto y tolerancia. Aun cuando parezca contradictorio con el tipo de vida que hoy llevamos, es una verdad que el ser humano aspira al ascenso de la vida. De ahí que el desprecio por la vida no cabe en una mente sana y limpia, porque esto significaría, ni más ni menos, que condenar al género humano a su propia destrucción.

Desde esta manera de concebir la vida, es una vergüenza nacional que la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional nos informe mediante una nota del Periódico La Hora, el 4 de enero de 2017, que la tasa de desnutrición en 2016 aumentó en San Marcos, Huehuetenango, Sacatepéquez, Guatemala y Alta Verapaz. Así como el aumento de muertes por desnutrición crónica aguda a nivel nacional y de estos, el 70% murieron en hospitales públicos.

La desnutrición infantil es uno de los dramas más profundos que nos han acompañado desde décadas, mientras diferentes sectores se regodean con grandes tajadas de un pastel que tiene en su entorno familias enteramente famélicas. Hoy conocemos los resultados de algunas investigaciones mundiales en las que niños hambrientos producen chocolates y que objetos de los teléfonos inteligentes son extraídos de las profundidades de la tierra en la que los trabajadores mueren tempranamente.

“Hoy conocemos los resultados de algunas investigaciones mundiales.”

Todo esto y muchas más cosas son las grandes vergüenzas del mundo entero. Y es el caso de hablar de Guatemala, en donde crecen abultadamente presupuestos en ministerios claves como el de Agricultura, para promover la producción de alimentos y es lo que menos hacen. Los funcionarios del Ministerio de Agricultura deberían colocarse la mano en la conciencia y pensar con inteligencia, creatividad, con una mínima inversión cívica y sensibilidad humana, en los campesinos para que produzcan los alimentos que la sociedad requiere.

Un país que no resuelva el tema crucial de la desnutrición infantil no debería llamarse país. Un órgano del Estado que no pueda empujar programas sostenibles de economía campesina para resolver problemas alimentarios es deficiente, porque no aporta soluciones concretas. Solo burocracia y reuniones por doquier. Necesitamos acciones contundentes para tener niños y jóvenes saludables e inteligentes. En el Ministerio de Educación aún está la llamada refacción escolar. No ponen el dedo en la llaga preocupados por cosas cosméticas como la supervisión educativa en donde piensan gastar millones, según ellos, para mejorar la calidad educativa, mientras los niños duermen de cansancio en las aulas por falta de alimentación.

Deberían implementar comedores escolares articulados con otros ministerios para llevar a la práctica un hermoso programa de vida para los niños resolviendo de fondo, el problema central de la desnutrición infantil. A su vez, solucionar lo que la PDH informó que el 50% de las escuelas son inservibles en su infraestructura y mobiliario. Resolver todo esto, es lo básico y fundamental para iniciar el camino del mejoramiento en educación. El país requiere soluciones concretas. Los discursos ya perdieron contenido. Necesitamos acciones bien orientadas, con sentido común e inversión cívica para superar esta vergüenza nacional, como es la desnutrición infantil.