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¿Feliz año nuevo?

Usualmente en estas fechas nos deseamos un feliz año nuevo. También algunos hacemos propósitos de cosas que queremos lograr durante el año que inicia. Estas dos frecuentes actividades de principios de enero nos llevan a pensar en dos posibilidades, que vivamos muy felices durante este tiempo o que hagamos cosas que no sean insignificantes, que no pasen inadvertidas. Al cabo del tiempo cómo queremos recordar este año, ¿como aquel en que lo pasamos muy bien, o como el año en que logramos concluir tal cosa de gran trascendencia?

Claro que podemos tener ambos, años felices y años valiosos. Pero probablemente de entrada escogeríamos un año feliz. La mayoría de nosotros establecemos propósitos para ser más felices. Algunos incluso se proponen disfrutar la vida al máximo. La felicidad suele estar en la cima de nuestra lista de pretensiones.

La pregunta es si la felicidad debería ser el único objetivo que nos motive a orientar nuestros esfuerzos y empeños. Lo que observamos hoy es una cruzada mundial por la felicidad: libros de cómo ser felices, coaching para ayudarnos a ser felices, cursos para aprender a ser felices. La búsqueda de la felicidad ha inundado el mundo del desarrollo personal.

«¿Qué preferiríamos tener en 2017, un año feliz o un año que merezca la pena?»

A pesar de tanto fervor puesto en la batida por la felicidad, parece que cada persona hoy se encuentra más lejos de alcanzarla. Parece que fácilmente confundimos entre aquellas cosas que nos provocan gozo o disfrute, y aquellas otras que están más allá de nuestro mismo ser, como nuestra familia, la comunidad, el medio ambiente o Dios. Cuando la gente dice que su vida tiene sentido, es justamente porque sus vidas tienen un propósito que vale la pena. Mientras más trascendente sea ese propósito, más sentido tendrá nuestra vida.

Tener sentido en la vida es una mentalidad, es una forma de vivir. Podemos escoger perseguir la felicidad o procurar la significatividad. Pero es importante decidir cuál de los dos queremos enfatizar. Es frecuente que quienes enfatizan seguir detrás de la felicidad evitan comprometerse o complicarse la vida; no fácilmente están dispuestos a hacer algo por los demás y generalmente se inclinan por lograr satisfactores para sí mismos y cosas que les permitan sentirse bien en el momento.

En contraste, quienes enfatizan el significado de su vida emplean más tiempo con su pareja y su familia, o ayudando a otras personas o trabajando en causas sociales. Las actividades que supuestamente nos generan felicidad, como pasear, jugar, descansar o comer, suelen tener un efecto inmediato en nuestro estado de ánimo, pero la permanencia de ese efecto es más bien corta.

Por otro lado, las actividades que le dan sentido a nuestra vida, como ayudar a un amigo, terminar de escribir un libro o dedicar más tiempo a una causa noble, pueden requerir sacrificio y esfuerzo en el plazo inmediato, pero al cabo del tiempo nos sentiremos más realizados y gratificados. A la larga, parece ser que perseguir el significado en nuestras vidas es más profundamente satisfactorio que buscar la felicidad próxima. Nada nos hace más felices que encontrarle sentido a nuestra vida.

La verdadera felicidad es la que se tiene a largo plazo. Nadie es realmente feliz si sabe que su felicidad se acabará. La sabiduría popular lo dice claramente: “El que ríe al último ríe mejor”. Por eso la verdadera felicidad no se logra buscándola en directo, sino como de rebote, como consecuencia de haber buscado y logrado realidades significativas, permanentes, duraderas, como los auténticos valores.

Nuestro propósito este nuevo año no sólo debería abarcar la intención de la felicidad próxima. Nuestra vida se verá más enriquecida si este año primeramente nos proponemos crecer en coherencia y significado. La felicidad no es solo el logro y la terminación de nuestros proyectos. También nos hace felices la claridad del rumbo, el valor del propósito y el esfuerzo durante el avance. Les deseo a todos un significativo, valioso y feliz año 2017.