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Perfeccionamiento de la ley

NUEVO

GuillePensamientos apropiados para esta turbulenta época que estamos viviendo. “Cuando surge la contradicción entre lo que la ley debería resolver y lo que resuelve, la antinomia jurídico-política se despeja, con harta frecuencia, en favor de esto último. No hay leyes malas ni buenas, exclusivamente en sí mismas. Es el hombre, legislador e intérprete,  quien contribuye a este o al otro cariz. ¿Qué método nos permite llegar al perfeccionamiento de la ley? La experiencia es buena consejera, cuando se trata de corregir un medio inadecuado.

El mayor exponente de un medio social, se encuentra en cómo esta sociedad aplica el derecho. No tanto en cómo lo crea, ni en lo que crea, sino en cómo lo aplica.  La responsabilidad de todos los hombres del poder de un país, es extrema. Tanto para el derecho privado, como para el público. O se trata de un factor aislado que funcione, bien o mal,  al margen de las demás características sociales. Es, por el contrario, la expresión más genuina del bien o mal social. Una sociedad política vale por sus funcionarios públicos. Si el poder judicial de no importa qué país ni qué tiempo está corrompido, quiere decir que la sociedad política de ese país lo está también.

«El valor político por excelencia, es la manifestación de la ética.»

La norma jurídica viene a llenar una necesidad: surge ante la situación creada. Se da para solucionarla en cuantas ocasiones se presente. Así como el científico indaga para llegar a una conclusión, así el legislador da la ley para que puedan resolverse con acierto los problemas en ella planteados. Pero si los encargados de aplicarla no cumplen su ser intrínseco, entonces la ley muere al nacer; se transforma en letra muerta. La ley va haciendo camino, configurándose en el tiempo. Su larga o corta vida depende de su eficacia. La historia de un derecho positivo está formada por la trayectoria de cada una de  sus normas.  Cómo nacieron y cómo vivieron. Casos en que fueron aplicadas. Sobre todo en este aspecto es donde debe encontrarse  la vivencia o la muerte de la norma jurídica, y, en consecuencia, la del derecho positivo del país a que pertenece. El final de la vida de una norma jurídica está trazado por su último caso de aplicación. Si el legislador da nacimiento a la ley, el juez en su aplicación, la vitaliza. […]

El hombre crea el Estado y vive en su sociedad política porque encontró un medio que hizo factible su vida dentro de la sociedad. Este medio es el derecho. Pero el derecho no es tan solo una técnica, sino la expresión del significado político. La política, en tanto significado, expresa un valor. El valor político por excelencia, es la manifestación de la ética. Pero el derecho no se da en el vacío. Tiene la misión de controlar y regular la conducta humana. El derecho, en su aspecto secundario, pero característico, de coercibilidad, es un mal necesario. Lo ideal sería no necesitar de él. Entonces sería eso, un ideal. Entonces, no existirían ni el Estado ni el derecho. Existiría tan solo la ética trascendente del hombre, consustancial en su ser natural, libremente manifestada en las interrelaciones sociales.” (Aurora Arnaiz, Ética y Estado. México, 1959, páginas 105-107).

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