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Golpe de Estado o especulación gubernamental

Con la irresponsabilidad con la que acostumbraba actuar en su programa de entretenimiento, el profesional de la comicidad chusca y hoy Presidente de la República decidió lanzar un globito provocador, cuando recientemente afirmó que “Me han generado (sic) hasta rumores de golpe de Estado, bien fundamentados, ¡y me llaman!, pero, no me da temor, yo fui electo democráticamente, y si democráticamente en algún momento debo entregar el puesto, señores, ¡he dicho para que vine! (sic)”.

Cuesta entender el contenido de su alocución, pero intentando interpretarlo con la seriedad del caso, y retirando su estilo cantinflesco, puede asumirse que lo que dijo es “que le han llamado para decirle que hay rumores, fundamentados, de intentos de golpe de Estado. Pero que eso no le da miedo, porque fue electo democráticamente”.

Si la interpretación anterior es correcta, la pregunta a responder es qué investigaciones han hecho dentro del Ejército, pues es allí donde esos actos se generan. Pero, qué temor puede tener a un golpe de Estado si ha comprado a manos llenas la aquiescencia de todos los altos mandos del Ejército y una mayoría servil en el Congreso. El supuesto, pues, resulta inverosímil. Ningún gobernante serio dice “me quieren sacar a la fuerza” (que eso son los golpes de Estado) y no presenta las pruebas de ese comportamiento ilegal.

Ahora bien, si lo que quiso decirnos es que hay rumores de todo y sobre todo pero que eso no le preocupa, por qué hacerlo público e insistir en que no le da temor, pero que está dispuesto a entregar el cargo democráticamente. Su enredo dialéctica solo puede entenderse como consecuencia de un efectivo temor a algo, que no necesariamente es a un golpe de Estado sino a que, descubiertas algunas conductas delincuenciales (¿financiamiento ilegal y apropiación de propinas?) los órganos de justicia accionen en su contra como hace año y medio resultaron haciéndolo con Pérez Molina.

La detención de su hijo y de su hermano no puede considerarse como intento de golpe de Estado, pues ambos aceptaron las faltas cometidas y están definidas en el Código Penal. Puede también pensarse, y esta es posiblemente la hipótesis más válida, que desprovisto de los aplausos que cuando profesional de la comicidad recibía, ahora quiera tener esa simpatía relativamente efusiva del público.

Solo que ahora no se le paga para que verbalice ocurrencias de escasa comicidad, su contrato público ha sido para conducir los destinos de la Nación, destinos que caminan al cataclismo dado su notorio inmovilismo para impulsar políticas que permitan reducir la marcada desigualdad y empobrecimiento de la mayoría de la población. Hay cuestiones concretas y urgentes a resolver, como la mortandad de niños en el hospital de Chimaltenango (casi uno por día en el mes de enero), la galopante ausencia de niños a las escuelas, el deterioro de caminos y carreteras, el asesinato a plena luz del día de conductores de buses, taxistas y niños.

El país está urgido de liderazgos que, dejando de lado la satisfacción de personales intereses, se dediquen a establecer amplias alianzas en favor de la construcción de un país efectiva y realmente incluyente, pero no parece ser él quien posea ese liderazgo ni se le ve interesado en asumirlo, pues eso no se logra otorgando exoneraciones impositivas a amigos que hicieron como que regalaban millonarios lotes de medicinas al inicio de su mandato.

Tampoco se logra permitiendo que sus huestes en el Congreso entrampen votaciones para exigir que se les mantengan las prebendas ilegales en comisiones innecesarias. Hablar de golpes de Estado sin ton ni son resulta, más que irresponsable, provocador, y si bien es cierto que mucha tristeza puede producirle que el Presidente estadounidense no le haya llamado, a pesar de su declarada disposición por construir el vergonzoso muro, eso no significa que por otros medios, con amenazas veladas y con silencio cómplice trate de impedir que la Cicig haga su trabajo.

La visita del halcón Kelly puede tenerlo sin cuidado pues, aparte de avisarle que pondrá fuerzas militares en la frontera de México con Guatemala y que les interesa que la Cicig continúe, aún no se avizora que los de allá lo quieren en algún centro de detención.

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